martes, 16 de junio de 2026

El Papa León XIV en España. Un breve análisis.

La visita apostólica del Papa León XIV a España ha sido un hito histórico que ha reafirmado nuestros fundamentos nacionales y religiosos. Multitudes en las calles, profusión de banderas españolas y vaticanas. No olvidemos que el actual Estado del Vaticano, heredero de los Estados Pontificios, que garantiza la independencia y libertad de la Santa Sede, es una creación de 1929, por los Pactos de Letrán, entre el Vaticano e Italia, entre Pío XI y Benito Mussolini

Y el Ejército, y la banda militar tocando el Himno Nacional y el del Vaticano. Con el Papa vestido de Papa, con su sotana y solideo blancos, muceta roja y estola. Recibido por el actual Jefe del Estado, Don Felipe de Borbón y Grecia, titulado Felipe VI, que se inclinó ante el Papa y ante cada cardenal y cada obispo, reverenciando así su autoridad espiritual. Una marcha solemne por los símbolos más representativos del Estado: el Palacio Real y el Salón del Trono, las Cortes, Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento.
Visita prolongada a Barcelona y las Canarias como visita a España, alabada y bendecida repetidas veces por el Vicario de Cristo, incluso de vuelta en el Vaticano: "Dios bendiga siempre a España". El Papa ha exaltado su unidad, su lengua y su obra en el mundo, obra misionera. No esperábamos menos de quien es portador de sangre española también, cosa que no ocurría desde los Borgias, uno de los cuales, Alejandro VI, nos legó el escudo más bello del mundo, el que es abrazado y custodiado por el águila de San Juan, símbolo de su Evangelio, y entregado a los Reyes Católicos como emblema de la catolicidad de España. Escudo recuperado en la Cruzada Nacional de 1936 a 1939 y vigente incluso con la malhadada Constitución de 1978, de cuya Edición Magna ocupa la portada, cambiado luego en 1981 por aquel gobierno infame, perjuro y traidor de la UCD de infausta memoria.
Abundaron también las banderas españolas con el Sagrado Corazón de Jesús en un mes de junio dedicado a Él. Corazón de Jesús que se manifestó a Santa Margarita María de Alacoque en Parais le Monial cuando aún pertenecía a la Corona de España y que volvió a hacerlo al Padre Bernardo de Hoyos en Valladolid, prometiéndole que "Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes".
El Papa prodigó los saludos y bendiciones a los niños más pequeños, como un signo evidente de amor a esas criaturas amenazadas en el vientre de sus madres por el "abominable crimen del aborto", en expresión del Concilio Vaticano II. Y volvió a repetirlo, con una hondura reflexiva, altura intelectual y profundidad espiritual de un discurso en las Cortes que arrancó más de 7 minutos de aplausos de todos los congresistas, senadores e invitados, salvo un sindicalista de cuyo nombre no quiero acordarme.
Citó a Unamuno, la Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria, recordó a los Reyes Católicos y afirmó que la dignidad humana es anterior al reconocimiento que puedan hacer los Parlamentos, que deben respetar la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural.
En el Palacio Real habló del Islam y dijo que en 8 siglos  no hubo sólo confrontación. Luego presupone la confrontación como norma, aunque hubiera intentos de colaboración, como la Escuela de Traductores de Toledo, mozárabes cristianos en reinos moros y mudéjares moros en reinos cristianos.
Llenó también Barcelona y el Estadio Lluis Companys. Fue el responsable de asesinar más de 8.000 católicos en Cataluña, además de las matanzas que los rojos se hicieron entre sí. Hay quienes encontraron inconveniente que hablara en un lugar tan mal nombrado, pero para eso estamos los demás, para recordar quien era el personaje. Como recordar que en Montserrat fueron asesinados 23 monjes, de lo que tampoco se dijo ni palabra, ni que el Virolai era el himno religioso de los católicos asesinados en aquella época. El propio Anselmo Polanco, obispo de Teruel, del que el Papa lleva una reliquia en su cruz pectoral, fue asesinado en Gerona al fin de la guerra, cuando los rojos huían, matando hasta el fin. Con su Vicario General, el Coronel Rey D'Hancourt y muchos más.
Un pequeño lapsus, al decir Misa en la Sagrada Familia y bendecir la Cruz recientemente instalada en la torre más alta, habló de la iglesia más alta del mundo. No, la más alta es la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, cuya Cruz mide 150 metros de altura, más otros 150 desde la base de la Cruz hasta el suelo de la Basílica. 300 metros en total. Seguro que a Su Santidad le habría encantado visitar tan grandioso lugar, que ya visitó como fraile agustino, la más extraordinaria construcción arquitectónica de todo el mundo en el siglo XX. Pero las razones de estado, que obligan a pactar estas visitas impiden visitar el símbolo más visible del franquismo, como tampoco lo hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI en sus 8 visitas anteriores.
Espectacular el final del acto en la Sagrada Familia, al anochecer, piedra, música y luz brindaron unas escenas grandiosas, maravillosas, con una perfecta organización que no lograron perturbar varios centenares de músicos que pretendían exhibir señeras esteladas en sus instrumentos e interpretar Els Segadors, el himno separatista de los catalonoides, que no auténticos catalanes, que siempre fueron, son y serán españoles, como ha subrayado el Papa con su visita a Barcelona, enmarcada en su visita a España. 
Y lo mismo con las Canarias, que son España, que son puente hacia América. Que pobrecitos los que vienen en patera. Sí, es verdad. Que los malos son los nuevos traficantes de esclavos, las mafias que se lucran con este vil comercio. Que se conviertan. Y que lo deseable es que tengan un modo de vida digno en sus países de origen para que no tengan que emigrar.
Y religión y presencia de Dios, oración y Eucaristía en todas partes, en las iglesias y en las plazas y calles, en los estadios. Y en las televisiones, no sólo la de la Iglesia, sino Televisión Española, que ha retransmitido todo en directo durante muchas horas, permitiendo a millones de españoles seguir de cerca esta visita, escuchar al Representante de Cristo en la Tierra y ver con sus ojos este acontecimiento tan singular.
Si esto no es Nacionalcatolicismo, que venga Dios y lo vea.
José Luis Corral

Carteles pegados por el Movimiento Católico Español por las calles de Madrid.












Otras fotos, algunas reales, otras ideadas con Inteligencia Artificial:














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