Tampoco los peperos se ven beneficiados, porque sus políticas son clónicas respecto a los socialistas, siendo compadres de una misma ceremonia de entrega de la soberanía nacional y de los grandes valores morales en todos los asuntos importantes.
Por eso Vox es una esperanza, aunque esté manchada también por el pecado original de la democracia, la Constitución, el liberalismo y su alineación internacional con gente como Netanyahu, Trump y Milei.
Pero su posicionamiento contra la memoria democrática, el feminismo y las leyes de género, la invasión migratoria sin control, las autonomías, la corrupción y su defensa de la vida, algo pacata últimamente (lo que le ha valido un tirón de orejas de HazteOír con su bus), hacen posible el voto del mal menor para conciencias más exigentes que las permisivas y cómplices de los bipartidistas y sus adláteres.
Vox, además, ha sido la segunda lista más votada en una capital de provincia, Teruel, superando al PSOE, y la primera en más de 40 pueblos de Aragón, entre ellos, Alobras (de donde eran mi bisabuelo Roque su hermano mártir del 36, enterrado en el Valle de los Caídos, Máximo Gómez Egido), Fanlo, La Muela, Nuévalos y La Puebla de Alfindén (donde se han celebrado varios años las Jornadas por la Unidad Católica de España).
También la presencia de Alvise y SALF es una buena noticia, pues es una denuncia permanente contra los males de estos desgobiernos corruptos y resulta saludable que al margen de los partidos políticos alguien se abra paso en los procelosos mares del partidismo, como antaño lo hicieron Ruiz Mateos, Jesús Gil o Mario Conde, con todos los peros que se quieran. Sin olvidar que los mítines con cientos de asistentes, aunque no tantos como los de Abascal, son otro testimonio importante y un acicate para el patriotismo.
José Luis Corral.

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