Regresamos a España desde Milán, pasando por el sur de Francia, ya sin detenernos a ver muchas ciudades que dejamos para otra ocasión. Hacemos noche en Nimes, la "pequeña Roma" de Francia, con el templo romano mejor conservado de todo el Imperio. Son las 11 menos cuarto de la noche y hemos cenado en uno de tantos kebabs como abundan en estas regiones. 24 de Junio, San Juan Bautista.
San Baudilio de Nimes, neogótica de finales del siglo XIX, salta a la vista en cuanto uno entra en el centro de la ciudad. Es de las iglesias más grandes.
Ya por la mañana del día siguiente, 25 de junio, a las 7, volvemos a pasar por ella.
Y por el Templo Romano, que merece la pena ser contemplado de día y de noche. También es conocida como Maison Carrée.
La manía de los urbanistas modernos de cerrar las calles del centro a los coches nos impide una visita rápida más a fondo.
La Catedral está en obras. Es románica del siglo XI, con añadiduras posteriores, como en tantas otras. Dedicada a Santa María y San Castor, un santo local, fue consagrada por el Papa Urbano II en persona, en 1096, al tiempo de la Primera Cruzada.
A las 7,30 ya estamos desayunando. En Francia tiene que ser café y croissant, si es con zumo de naranja, mucho mejor.
La Iglesia neorrománica de San Pablo es de 1835.
El Coliseo es magnífico y se celebran corridas de toros y otros eventos culturales en su interior.
No pudimos visitar en esta ocasión un magnífico acueducto romano que está a pocos kilómetros. España nos esperaba y había que llegar a Madrid ese mismo día. Lo haríamos.






































Que bonita Europa
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