jueves, 17 de mayo de 2018

España



ESPAÑA
Por José Luis Corral
 
Hay cosas que tienen un poder, una fuerza, un magnetismo, un simbolismo, una gracia, por sí mismas, con independencia de los sujetos. Por ejemplo, un coche magnífico lo es aunque su conductor esté drogado, borracho o enfermo. Así, nuestra Nación, nuestra Iglesia, nuestro Ejército y nuestro pueblo tienen virtudes inmanentes y trascendentes, muy superiores a las menguadas capacidades de sus miembros y aun completamente contrarias a sus mandos, que pueden ser títeres, ineptos, traidores o hijos de Satanás. Los sacerdotes nos comunican la Gracia de unos Sacramentos instituidos por Cristo, que sigue siendo la Cabeza, mientras el Espíritu Santo es el Alma de la Iglesia. Y celebran el Sumo y Eterno Sacrificio aunque sean indignos. Y nos perdonan los pecados. Cosas que no pueden hacer ni los Ángeles ni los hombres más puros, porque no tienen ese poder. Del mismo modo, somos miembros de una Nación que nos habla desde sus piedras, su geografía, sus palabras y sus lazos bimilenarios de nuestra gloria. Y de su pueblo sigue saliendo gente honrada, sacrificada, laboriosa, familiar, honesta, santa, buena y con tradición, que recuerda a sus abuelos. Y el Ejército, junto a una capacidad técnica, una tradición combativa, unos valores que se siguen predicando y transmitiendo, una oficialidad que casi siempre es vocacional y amante de la Patria, unos soldados, sobre todo en la Legión, que aman y sienten esos valores. Si el Ejército no existiera, Cataluña y Vascongadas ya serían independientes. Y Ceuta y Melilla de Marruecos. Y ni tú ni yo lo habríamos podido evitar.
En España hemos tenido 3 casos en los que ha fallado todo o casi todo, y ha sido el pueblo español, pero también muchos militares, curas y nobles, los que salvaron a España.
2 de mayo de 1808. Primero fue el pueblo, pero también había unos pocos militares. Y luego Castaños y los generales. 
El 18 de julio del 36, falangistas y requetés, acción española, renovación española y una parte del Ejército. 
Y el pasado 1 de octubre hemos sido nosotros como primera línea y luego el pueblo español, en Madrid, Cataluña y en todas las provincias, en concentraciones y manifestaciones, sacando las banderas en las casas, quienes hemos impedido que se consumara la traición, que de haberse consumado, no sabemos qué habría hecho el Ejército. Pero que quienes se bregaron en Cataluña fueron policías y guardias civiles. Que también han puesto el mayor número de muertos, con el Ejército, en la lucha contra el terrorismo.
España tiene una fuerza inmanente, la que dimana de una raza acostumbrada a fuertes contrastes geográficos, la tercera más montañosa del mundo, cercada por mares y montañas, indómita y guerrera, capaz de hazañas mitológicas, pero que sólo se dan en ocasiones proverbiales. Esa fuerza racial está ahí, en los 1000 niños que nacen cada día, en el baile, en el folklore, en el trabajo y en el genio de su estirpe. La que campea triunfante por la Europa futbolística, hasta Lyon y hasta Kiev. 
Ese pueblo de héroes, santos, sabios y conquistadores gusta de la buena mesa, paella o cocido, fabes o lentejas, jamón y queso, vino fuerte y agua clara. Alegre y risueño, duerme bien. Pero ¡ay como despierte, como despierta un volcán! Entonces, sintiéndose engañado y traicionado, puede arrasar con todo. Puede hacer pagar muy caro a los embaucadores su estafa, su engaño. Y más lo harán los que más fueron engañados. Cuando taña la campana, ¡España despertará!
Quizá la máxima expresión de su fuerza telúrica sea la Fiesta Nacional, ese cara a cara que se hace arte y valor, vida y muerte, entre el animal más bravo y el español más arrojado. Junto al león ibérico, ya extinguido, y el águila real, que impone su majestad en los cielos. Y el Hombre. Como los 4 Evangelios. Con ellos se hace trascendente, y a más trascendente, más imperial, más universal. Con ellos, una legión de Santos intercede por nosotros en el Cielo y en la tierra hispana no hay pueblo sin su Virgen, sin su Ermita y sin su Iglesia. No hay Ejército en el mundo que rinda a Dios culto más solemne que la Legión al Cristo de la Buena Muerte. No hay pueblo que viva la Pasión del Señor con mayor vehemencia, con mayor arte, con mayor solemnidad. 
España es la mayor potencia orante del mundo, por sus conventos de clausura. De Montserrat a Covadonga, del Tibidabo a la Gran Promesa, al Valle de los Caídos y al Cerro de los Ángeles, de la tumba del Apóstol a la Vera Cruz, del Mulhacén al Aneto, nuestras cumbres se alzan al cielo. No hay un rincón sin una huella de nuestro pasado glorioso y aunque callen los periódicos o se desgañiten los voceras, hasta las piedras cantan nuestra Gloria y nuestra Grandeza. Por todo ello, ahora y siempre, Ser Español es un Orgullo.
¿Qué importa una manifestación de parias, ni una alcalducha fea y hortera, ni unos políticos rateros, ni unos traidores que no merecen hablar nuestra lengua, ni respirar nuestro aire? ¿Es que ellos van a ser España? NO, Jamás. España somos Nosotros, los patriotas. España vive. Vive en cada uno de nosotros. En los que ya pasaron, en los que estamos y en los que vendrán. 

¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!! ¡¡¡ ARRIBA ESPAÑA!!!

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