martes, 3 de abril de 2018

Discurso 1º de Abril de José Luis Corral



Discurso de José Luis Corral el Día de la Victoria del 2018
¡¡¡ Victoria y Resurrección !!!

Hoy es un Día grande, el día más importante del año cristiano, porque es la Resurrección, el triunfo de Cristo sobre la muerte. Y es el Día de la Victoria, porque en este día terminó una guerra terrible y dio comienzo la Paz. Por eso no podíamos celebrarlo de mejor manera que en el Valle de los Caídos y en este Arco de la Victoria.

Sobre aquella guerra, son muchos los que se dejan llevar por la pereza mental y establecen un empate moral, una equidistancia entre ambos bandos: todos fueron iguales y todos hicieron barbaridades.
Frente a ese análisis simplista, nosotros afirmamos que no fueron iguales ambos bandos, que hubo buenos y malos. Aunque hubiera algunos malos entre los buenos y algunos buenos entre los malos.
Porque en el bando nacional no hubo chekas, donde se detenía, torturaba, violaba, robaba y asesinaba impunemente por parte de grupos particulares de facinerosos, muchas veces delincuentes comunes amnistiados, gente sin escrúpulos, sin humanidad ni conciencia. Porque los rojos mataban a gente completamente inocente, que no había hecho nada, sino ser religiosos, de derechas o propietarios. Así fue como produjeron la mayor persecución religiosa de toda la historia de la Iglesia Católica, con 13 Obispos y 7.000 sacerdotes y religiosas asesinados. Porque en el bando nacional no se mató a los propios a mansalva, como hizo el carnicero André Marty en Albacete con los indisciplinados de las Brigadas Internacionales. Como los anarquistas exterminados por los marxistas, o los del POUM, cuyo jefe Andrés Nin fue desollado vivo. Como el propio Buenaventura Durruti, asesinado por los comunistas. Como los vagones de prostitutas y homosexuales mandados fusilar por Durruti porque producían más bajas por sífilis que por bala entre los milicianos. O los republicanos que remoloneaban para ir al frente, como los 200 fusilados en las tapias del cementerio de Aravaca. O los 46 fusilados en Teruel de la Brigada 84 por hacerles volver al combate cuando habían participado en combates durísimos y tenían unas jornadas de descanso. Obra de su propio jefe, que era alcalde de Mérida. O los miles de muertos entre republicanos y comunistas casi al final de la guerra, cuando el Coronel Casado dio un golpe para reponer la autoridad.
Unos amaban a Dios y rezaban. Otros odiaban a Dios y blasfemaban. Unos mataban inocentes. Los otros mataron a asesinos terribles. Ahora los sucesores ideológicos de aquellos rojos, socialistas, comunistas y podemitas, quieren levantar un monumento a los 3.000 fusilados por los nacionales tras la guerra, olvidando que todos ellos lo fueron tras un juicio donde quedaron acreditados sus horrendos crímenes. Nosotros, que durante 80 años hemos hablado de los mártires sin nombrar a los asesinos, nos vemos ahora obligados a dar los nombres de los asesinos y relatar los crímenes que hicieron.
Es verdad que en zona nacional se cometieron también crímenes, como el de García Lorca, pero al margen de los que dictaba el mando, aunque las represalias de zona nacional también tenían por objeto aquellos individuos que hubieran hecho lo mismo que hicieron en zona roja. Como hemos visto después con el terrorismo etarra, los batasunos están detrás para apoyar, esconder, vigilar, delatar, señalar y formar la arquitectura del terror.
Hay otro dato llamativo. Los rojos se suicidaban al perder la guerra, presos de impotencia, rabia y desesperación. Sin embargo, los nacionales, los católicos, aguantaron hasta el final pese al terrible martirio que padecieron, soportando con resignación las torturas, mutilaciones y penalidades que padecieron.
Por fin, terminada aquella guerra, dio comienzo un tiempo de paz y prosperidad, donde hubo moralidad y familia, trabajo, paz y unidad. Un tiempo que terminó cuando volvió esta democracia que nos ha traído aborto y divorcio, destrucción de la familia, corrupción de la juventud, droga, delincuencia, separatismo, terrorismo, invasión migratoria, paro, carestía, sectas y corrupción económica.
De este estado penoso nos salvará Dios nuestro Señor cuando le pluga y este pueblo lo merezca. Por eso nosotros guardamos las semillas de los buenos principios, enarbolamos las banderas de la Santa Cruzada, del genuino patriotismo español, cantamos sus himnos y gritamos como lo hicieron nuestros héroes y nuestros mártires:
¡¡¡ ARRIBA ESPAÑA !!! ¡¡¡ VIVA CRISTO REY !!!

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