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jueves, 8 de diciembre de 2016

El Cardenal Rouco pierde los papeles. Habla de nuestra guerra, los mártires y la Victoria, la expulsión de los jesuitas, la pérdida del sentido del pecado y la III Guerra Mundial. En la Vigilia de la Inmaculada

Nos tenía acostumbrados el Cardenal Rouco Varela a leer sus homilías, cuidadosamente preparadas. Por vez primera se presentó sin papeles, quizá los perdió, y habló al natural. ¡Vaya que si habló! Sin perder la compostura, claro, que Su Eminencia es gallego. Sin titubeos ni vacilaciones, con su voz ronca y queda, pero profética.
Comenzó con una magnífica lección, sencilla y clara, sobre la Inmaculada Concepción. Pero esa Gracia no es posible sin un trasfondo de Pecado. El pecado existe y por eso era necesaria la Redención y preparar esa Madre para el Redentor.
Por eso, nada mejor que acudir a la Madre de Dios y Madre nuestra para vencer al pecado. Esa fue la visión del Padre Morales, el fundador de estas Vigilias, un jesuita de los que expulsaron en los años 30 por decisión del gobierno de entonces, que vivió desde lejos, desde Lovaina, los sucesos de nuestra guerra, entre aquellos espantosos conflictos europeos y mundiales de la primera mitad del siglo XX,  el ejemplo de nuestros mártires y una Victoria que no bastaba para que todos los españoles se encontraran con Cristo. Por eso era necesario evangelizar. Por eso las Vigilias y el Apostolado del Padre Morales.
Cuando la pérdida del sentido del pecado es evidente hasta el punto de que según el Papa Francisco estamos viviendo ya la III Guerra Mundial, se hace más necesario que nunca acudir a la Virgen Inmaculada nuestra Madre.

 Don Antonio, que concelebró con 8 sacerdotes, además de los que atendían confesiones, se arrancó con el Præcéptis salutáribus móniti...  y todos le seguimos cantando el Pater Noster en latín. Al final, retomó la lengua romana para la Bendición: Benedicat vos omnipotens Deus...
Y pareció que se le había olvidado algo de los papeles que perdió. O que  Ex abundantia cordis os loquitur y quiso decir algo más:
Que se van a cumplir 100 años de las apariciones de Fátima.
Que el Papa Benedicto XVI nos dijo a los madrileños: La primera Caridad es proclamar la Verdad.
Y lo repitió y subrayó: Hay que proclamar la Verdad.  
 La Vigilia tuvo lugar en la Basílica de la Merced, simultáneamente con otras celebraciones en la Catedral y en la Basílica de María Auxiliadora. Con la habitual asistencia masiva. Antes de la Misa predicó un sacerdote, se rezó el Rosario, dirigido en cada misterio por estudiantes, profesionales y madres de familia numerosa, y se escuchó el testimonio de un seglar. Gran cantora y directora de cantos, acompañada por un coro. Abundantes confesores y penitentes todo el tiempo, unas 3 horas.
El templo, ejemplo de la fealdad moderna, semeja un hangar aeroespacial y el frontal del altar es una conjunción de hierros retorcidos y oxidados que no inspiran devoción alguna, lo que sí consiguen las imágenes de la Virgen de la Merced y de San Ramón Nonato.

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