sábado, 2 de mayo de 2015

Discurso de José Luis Corral el 1º de Mayo

 Discurso de José Luis Corral el 1º de Mayo del 2015, en el acto del Día del Trabajo organizado por "La España en Marcha".


Desde su aparición sobre la Tierra, el Hombre es el Rey de la Creación.
Desde el pecado original, debe ganarse el pan con el sudor de su frente.
Pero desde muy antiguo, los hombres inclinados al pecado quisieron aprovecharse del trabajo de otros hombres y dominarlos. Emplearon tres métodos:
-          La invasión de otros pueblos, su dominación y el saqueo de sus bienes.
-          La esclavitud, haciendo a otros trabajar sustentándolos mientras fueran útiles.
-          La usura, como manejo financiero para terminar haciéndose con los bienes de los demás.
Todos esos métodos siguen siendo utilizados por el Nuevo Orden Mundial que padecemos:
-          Invasión de países para apoderarse de sus riquezas, especialmente el petróleo y las materias primas. A veces imponiendo regímenes políticos o tiranuelos.
-          Imponiendo el papel que sale de una imprenta de un país como único medio de intercambio económico internacional. El dólar.
-          Diezmando dramáticamente la población de las naciones para no tener que ocuparse de bocas que alimentar, recurriendo al abominable crimen del aborto y a la eutanasia.
-          Imponiendo condiciones de trabajo esclavistas, con bajos salarios y largas y duras jornadas.
-          Hipotecando a las naciones, a las que se deja sin poder emitir moneda propia y animándolas a endeudarse con préstamos.
-          Con los impuestos, que son verdaderamente confiscatorios por lo elevados, y que suplen con ventaja a la privación de la propiedad privada que hacía el Comunismo. Es mejor que las propiedades las tengan los individuos, que las cuiden y que paguen por ellas. Lo conocemos como IRPF, IVA, IBI, multas y tasas sin cuento.


Frente a esa situación que nos conduce al privilegiado modo de vida de unos pocos y a los apuros y necesidades de la gran mayoría, hay otro modo de hacer política, economía y sociedad.
Es el modo en el que la civilización occidental y cristiana se fue forjando en el decurso de los siglos.
Unos hombres que decidieron vivir en castidad, pobreza y obediencia, se juntaron para vivir, rezar y trabajar juntos. Ora et labora era su divisa. Eran los monjes.
Esos hombres no sólo salvaron la cultura de la invasión de los bárbaros y de los musulmanes, sino que construyeron otro modo social de propiedad que les permitía acrecentar su riqueza. Y aquellas tierras que iban incorporando se cedían a los que no tenían tierras, que podían labrarlas pagando el diezmo. Y los recursos que se obtenían de ese modo se empleaban en dar trabajo en las numerosas iglesias catedrales, en los monasterios y también en la construcción y mantenimiento de escuelas, hospitales, asilos, leproserías, universidades y obras sociales.
Ese modelo se extendió también a muchos ayuntamientos, que tenían bienes comunales. Y así el hombre estaba próximo a la propiedad de aquellos medios de producción, los sentía como propios y acrecentaba su hacienda familiar y la dote de sus hijos.
Así era también en la producción artesana, donde los oficios formaban gremios y donde el trabajador entraba de aprendiz y subía a oficial y maestro hasta fundar su propio taller.
Y se formaron cofradías de pescadores y hermandades de regantes que han subsistido hasta nuestros días.
Pero aquella formidable obra civilizadora fue derrumbada por los hijos de las tinieblas, los que llevan conspirando siglos para someter a la humanidad. Y si de aquí, de España, fueron expulsados porque el pueblo odiaba sus métodos usureros y su acumulación de riqueza, volvieron de manos de la Revolución Francesa y de las ideas democráticas.
Algo más diremos de ellos mañana ante el monumento del Paseo del Prado a las 6 de la tarde, al que os invito a asistir, porque el patriotismo debe tomar las calles día tras día.
Aquellas ideas triunfaron con el liberalismo y así se produjo el gran latrocinio de la Desamortización, obra de las logias con el judío y masón Méndez, que cambió su apellido por Mendizábal, para prohibir todas las órdenes religiosas y quedarse con su inmenso patrimonio, repartido entre los amiguetes que tenían posibles y que en adelante constituyeron la base social de un régimen extraño y extranjero. Esa fue la base del naciente capitalismo, pues los agricultores, obligados a pagar, no el diezmo, sino la mayor parte de su trabajo, hubieron de abandonar el campo y alojarse en los extrarradios de las ciudades, alistándose en las fábricas que podían ahora levantar los terratenientes enriquecidos con aquel maná del poder liberal. Los obreros se volvieron esclavos.
Fue el gran latrocinio de los ricos contra los pobres, que además quedaron sin instrucción religiosa y pronto sus hijos fueron víctimas de las propagandas ateas y anticlericales. Así nacieron socialismo, comunismo y anarquismo. Y así cayó nuestro Imperio y así España quedó postrada y aparecieron los nacionalismos para repartirse la túnica inconsútil del suelo sagrado de nuestra Patria.
Hasta que un siglo después aquel desvarío terminó en la tragedia de la Guerra Civil, donde la España auténtica resurgió de sus cenizas, combatió a muerte y venció de consuno a la masonería, al comunismo, socialismo, anarquismo y al separatismo.


Y cuando otra vez se pusieron en práctica los principios salvadores de la Civilización Occidental y Cristiana, aquella Revolución Nacional hizo posible salir a España de su postración y hacerse Una, Grande y Libre.
Y volvió la hoz al trigal, y el martillo al taller (*), y el agua remansada en pantanos fecundó la tierra seca. Y desaparecieron los partidos y las luchas fratricidas. Y hubo paz, prosperidad y orden. Y Familia. Y Religión.
Y seguridad social, y salarios dignos, horarios laborales, vacaciones pagadas, jubilación, escolaridad, convenios colectivos, universidades laborales. Y pleno empleo. Y Capital, Técnica y Trabajo unidos en Sindicatos Verticales, participando en todas las instituciones de la Nación. Y los trabajadores participando en la propiedad de las empresas, en cooperativas, y en  los consejos de administración de las sociedades anónimas.
Porque eso queremos. Esa es la esencia de nuestra cosmovisión, de la Justicia Social en el orden laboral. Que el trabajador sea propietario o copropietario de los medios de producción. Porque así no habrá explotación, ni huelga, ni deslocalización para llevarse la empresa al Tercer Mundo, ni se podrán comprar empresas para cerrarlas y eliminar la competencia, porque no lo permitirían sus trabajadores cooperativistas o el accionariado obrero.
No quiero olvidarme del trabajo más digno y sublime de todos. El de la mujer en el hogar. Recordemos a nuestras abuelas, nuestras madres y nuestras mujeres que supieron hacernos la vida fácil y feliz. Que supieron en la escasez hacer unas sopas de ajo más ricas que los mejores platos del Ritz. Que remendaron nuestras ropas para que fuéramos bien vestidos. Y lavaron y fregaron hasta el cansancio y la extenuación.
Pero los nobles ideales no son realizables sólo por los programas, ni el camino puede andarse sin elevar la vista y mirar al horizonte.
Hay en nosotros un afán espiritual, porque así como la Tierra no da fruto sin agua y sin sol, así es imposible que nuestros deseos se hagan realidad sin la ayuda de Dios.
Nos lo dice El: “Sin Mí no podéis hacer nada”. Jn XV, 5.
Y lo dice el Salmista: “Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles;
Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas”. Salmo 126 1
Por eso en esta mañana soleada y clara como la Verdad que profesamos, proclamemos en alta voz que este Primero de Mayo es cristiano y español.
Viva San José Artesano y Obrero
Viva Jesús Divino Obrero.
Arriba España.
(*) Del Himno del Trabajo de los Sindicatos Verticales. Alusión a los emblemas vencidos del comunismo.