miércoles, 2 de abril de 2014

Así paga el Diablo a quienes le sirven

Monseñor Rouco, otra vez más, ha querido ponerse al servicio del sistema e incensarlo con sus gestos y sus palabras.

Sólo le falto beatificar al difunto Adolfo Suárez en su funeral, colmándolo de alabanzas como un ejemplo de cristiano en política.
Todo porque, en contra de sus sagrados juramentos de defender un Estado Católico, el difunto desmemoriado lo echó abajo y levantó un Estado laico donde es posible legalmente matar masivamente a los inocentes, destruir las familias y educar en contra de la Ley de Dios. No se me alcanza a ver dónde está la ejemplaridad cristiana.
Pero Monseñor Rouco no tiembla ante la incoherencia de sus propias palabras. Es de los que alzan tronos a las premisas y cadalsos a las conclusiones.
Luego se queja de cómo están las cosas. Y alaba a quien lo produjo. Se queja de la descristianización y alaba al que con perjurio hizo apostasía formal del Estado multisecularmente Católico. Se queja de las amenazas a la unidad de España y alaba a quien edificó el Estado de las Autonomías que han dado capacidad política, legal y financiera a los separatistas. Convoca la Misa de las Familias y alaba a quien más atacó a la familia despenalizando el adulterio y legalizando el divorcio.
Se lamenta del envejecimiento de la población y la falta de natalidad y ensalza al que sentó las bases con los anticonceptivos y con el aborto criminal y abominable. Con el refrendo del Jefe del Estado y con la aprobación de absolutamente toda la clase política que tenía delante.
Dice del finado que quiso la reconciliación, cuando es imposible reconciliar a Dios con Belial, a los hijos de las tinieblas con los hijos de la luz, a la estirpe de Dios y a la de Satanás, cuando no es posible construir juntas la Civitas Dei y la Demoniocracia que tenemos ahora.
Justo ahí se le tiraron al cuello, porque se atrevió a decir que los gérmenes, las causas que llevaron a la guerra civil, están ahí. Pues claro, porque los gérmenes, cautivos y desarmados, fueron desatados, como mil demonios furiosos.
Se les pudo ver, bien visibles, cuando el finado agonizaba, el sábado 22 de marzo, arrasando la capital de España, odiando a voz en grito, dando “caña a España”, luciendo toda clase de trapos de la anti España. Los mismos que llamaban luchadores por la libertad a los terroristas en tiempos de Suárez, con palabras expresas en la ley de amnistía del 77.
No se recatan ni se esconden. Se lo gritan las harpías de las Femen cuando hace su visita pastoral. Se lo pintan en las paredes de los templos: "la iglesia que ilumina es la que arde". Y lo gritan a voz en cuello: "A por ellos, como en Paracuellos". Sagrarios y crucifijos profanados, cementerios destrozados, campañas difamatorias, como la de la pederastia que ellos practican hasta en las asignaturas escolares.Agredían a los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud, silban al Santísimo en la Puerta del Sol.
Claro que Su Eminencia lo sabe y por eso dice lo que dice, aunque sea tan discretamente. Pero no se lo pasan ni se lo perdonan.
Lo que queda de españolía y de cristianismo no es por mérito del traidor y perjuro Suárez, sino por la propia vitalidad de los cristianos españoles que siguen ejerciendo de tales, muchas veces confundidos y mal pastoreados por pastores ciegos que no quieren ver.

Tras una sarta de falsedades en cursiva, una sola verdad en negrita:

La concordia fue posible con él. ¿Por qué no ha de serlo también ahora y siempre en la vida de los españoles, de sus familias y de sus comunidades históricas? Buscó y practicó tenaz y generosamente la reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de (falso de toda falsedad)  aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la guerra civil: los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar (verdad insoportable para los demócratas).

Esa misma verdad la había dicho también Benedicto XVI  el 6-11-2010, cuando vino a Santiago y a Barcelona para inaugurar el Templo de la Sagrada Familia. Según las crónicas de entonces:
El Papa ha advertido de que en España "ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta", y ha alertado de que "ese enfrentamiento, disputa entre fe y modernidad, ocurre también hoy de manera muy vivaz".
Ratzinger aseguró que es en España donde se juega la batalla decisiva entre fe y razón. Y estableció una relación entre el choque entre la fe y el "laicismo agresivo" en la España actual y el anticlericalismo de la Segunda República.

Así que las fieras se le han echado al cuello, queriendo devorarle. Atreverse a decir que las causas que provocaron la guerra civil, es decir, el laicismo agresivo anticristiano y el proceso revolucionario están ahí. Hasta el Himno Nacional ha criticado esa mendaz autosocialista llamada Rosa Díez.

Incluso reclaman que se supriman los Funerales de Estado católicos. Estamos de acuerdo, porque son una farsa, un insulto a la inteligencia, un culto no a Dios, sino a la Democracia, la nueva religión. Una impostura, una inmoralidad, una blasfemia.

Cúmplese para España, desde la guerra civil, lo que dice Jesús y queda consignado en el Evangelio. El demonio fue expulsado el Día de la Victoria y vagó por el exilio. Y volvió con 7 más, los 7 Padres de la Constitución.

«Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, discurre por lugares áridos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces se dice: Me volveré a mi casa de donde salí. Y va y la encuentra vacía, barrida y compuesta. Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, viniendo a ser las postrimerías de aquel hombre peores que sus principios. Así será de esta generación mala.” Mt XII, 43-45

José Luis Corral