Estas vidrieras daban una luz tamizada a unos espacios interiores enormes cuando no existía la electricidad, teniendo sólo las velas para alumbrarse.
La luz se disipaba al atardecer, por lo que era inusual que hubiera ceremonias por la tarde. Esta fue una de las razones por las que las misas durante siglos se decían sólo por las mañanas, además de guardar ayuno desde las 12 de la noche del día anterior todos los comulgantes, incluidos los sacerdotes. No fue hasta 1953 que Pío XII permitió algunas misas vespertinas y en 1957 permitió que los obispos pudieran autorizarlas también por la tarde en determinados casos. Antiguamente, la misa no podía celebrarse ni más de una hora antes del amanecer ni más de una hora después del mediodía (Can. 821, § 1)
Las incómodas sillas de mimbre, que obstaculizan mucho ponerse de rodillas, comunes en todas las iglesias de Francia.
El púlpito, para poder predicar a la multitud, ya que no existía la megafonía. El sacerdote decía todo en voz bajita y cara al altar y de espaldas al pueblo, al que se volvía algunas veces para decirle "Dominus vobiscum", bendecir o despedirlos con el "Ite Misa est". A veces, para ser oídos y no gritar, lo que era indecoroso en ceremonias tan sagradas, se cantaba.
El nuevo altar no es tan birria como los de otros lugares, pero no puede compararse con el antiguo.
Las capillas abundaban por los laterales, con altares que permitían celebrar la misa al numeroso clero que había entonces y que debían decirla a primeras horas, por lo que entonces era habitual que se celebraran varias misas simultáneamente.
El órgano, fundamental para las celebraciones solemnes.
Antes, el Sagrario siempre estaba en el Altar Mayor. Ahora suele colocarse en alguna de las capillas, lo que permite un espacio más reservado y silencioso para los adoradores.
El Mariscal Fabert, natural de aquí, tiene una estatua en su honor.
Como en otros lugares, junto a la catedral se congregan barrios populosos y espacios urbanos más amplios, donde suelen estar los edificios oficiales, ayuntamiento y demás.
Metz cuenta con otras iglesias monumentales, además de su Catedral.
Llegamos a Nancy, donde nos encontramos con la Parroquia de San José, neorománica, entre 1890 y 1904, perteneciente a San Juan de la Encomienda, fundación de los Hospitalarios de Jerusalén. Fermé.
18º a las 18 horas. Un otoño espléndido. Así da gusto viajar.
Nos encontramos con la Catedral, de un barroco clasicista y contenido, del siglo XVIII
Hay un recuerdo al Cardenal Tisserant, nacido aquí. Uno de los más importantes del siglo XX. Orientalista, conocedor de lenguas orientales, presidió la misa de comienzo del Concilio Vaticano II. Más bien progresista, fue antinazi y anticomunista. Combatió en la Primera Guerra Mundial.
La Catedral está dedica a Nuestra Señora de la Anunciación.
Nancy tiene 105.000 habitantes y una bella arquitectura urbana. La plaza Stanislas es un buen ejemplo.
La Iglesia de San Miguel, gótica con fachada renacentista.
Hay mucha devoción a Santa Isabel de la Trinidad, monja carmelita que nació al lado y murió con 26 años en 1906, en olor de santidad.
La iglesia de San Esteban fue destruida por los revolucionarios. Ahora es sala de exposiciones y se muestran las ruinas.
Cámara de la Bolsa y el Comercio.
La Ópera.
El Palacio de los Duques de Borgoña, actual Ayuntamiento.
La devoción a Santa Teresita del Niño Jesús está muy extendida en Francia.
La Catedral de San Benigno es gótica.



































































































































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