domingo, 30 de septiembre de 2018

LXXXII Aniversario de la Liberación del Alcázar

 El octogésimo segundo aniversario de la Liberación del Alcázar de Toledo, sitiado por el ejército rojo y defendido por una escasa guarnición reforzada con voluntarios, en una de las mayores gestas militares de los últimos tiempos, ha sido celebrado con toda solemnidad en el transcurso de esta semana, terminando los actos con la Misa en el Patio del Alcázar, seguida de la Procesión con la Virgen hasta la Catedral Primada y una posterior comida de hermandad en el restaurante del mismo Alcázar.


 En el transcurso de la misa se admitieron a 74 nuevos hermanos de la Cofradía de Santa María del Alcázar.
Una banda musical interpretó el Himno Nacional tras la Consagración y los Himnos de la Guardia Civil y de la Academia de Infantería al terminar.
 La Virgen del Alcázar, aquella misma que acompañó a los sitiados durante el asedio, presidió la misa ante la escalinata imperial.
A sus pies fue depositada una corona de flores con los colores nacionales, como ofrenda a los Caídos, mientras sonaba el Toque de Oración Militar.
 En la Presidencia, el actual Hermano Mayor, Ricardo Alba, sobrino del mítico Capitán Alba, defensor del Alcázar, y el Coronel José Luis Moscardó, Conde del Alcázar de Toledo, nieto del legendario Coronel Moscardó. Entre los asistentes vimo a Teresa Corrochano, Jaime Alonso, el General Blas Piñar y varios nietos de Blas Piñar.
 También estuvieron presentes algunos supervivientes de entre los niños que vivieron el asedio desde dentro, pues eran hijos de algunos de los defensores.
El acceso a la cripta donde reposan los defensores que fallecieron entonces y los que fueron falleciendo después, fue limitado, igual que al despacho del Coronel Moscardó, donde se produjo aquella famosa conversación en la que los rojos le conminaron a rendirse si no quería que fusilaran a su hijo Luis, cogido como rehén. "El Alcázar no se rinde" fue la respuesta y Luis fue asesinado, como también lo fue otro hijo de Moscardó en Barcelona.
 La imponente fortaleza, que domina la Ciudad Imperial y es visible desde muchos kilométros, luce orgullosa, rehecha de la enorme destrucción que provocaron los bombardeos y las minas.
 El Ángel de la Victoria eleva su espada hacia el cielo, como signo del reconocimiento del favor divino y como ofrecimiento al Altísimo.
 El Alcázar, convertido ahora en Museo del Ejército, está rodeado de diversos artefactos militares que le dan un aspecto de inexpugnable.
Al fondo, la actual Academia de Infantería.
 La Virgen salió del Alcázar por la puerta grande y a hombros, como los grandes toreros, pero con más solemnidad. Al hacer su aparición sonó el Himno Nacional.
 Para abrirse camino bordeando la imponente mole del histórico edificio.
 Tras ella, el Hermano Mayor, Ricardo Alba, junto al consiliario, Padre Santiago Calvo, ex Deán de la Catedral toledana.
Por las calles toledanas, cargada por hombros jóvenes y admirada por ciudadanos y turistas, muchos de los cuales preguntaban a qué se debía la procesión.
 Desde el Alcázar, por la Cuesta de Carlos V hasta desembocar en la Plaza de Zocodover, abarrotada de gente, corazón de la villa.

 La comitiva continuó por la calle del Comercio buscando la Plaza del Ayuntamiento.
Recibiendo el saludo tras pasar las Cuatro Calles del águila bicéfala con el Escudo de Navarra.
 La estrechez de las calles resalta más lo pintoresco del lugar y la súbita aparición de monumentos tan sublimes como la Catedral Primada, como se puede ver en su torre y el Arco Palacio que une la misma con el Palacio Arzobispal, que también alberga el Museo catedralicio.
 Pasar por la fachada principal es una gozada, un espectáculo arquitectónico que no debe hacernos perder de vista lo que está detrás.
Nada menos que el conjunto que forman el Ayuntamiento y el Palacio Arzobispal, que dejan un buen espacio para que la fachada principal de la Catedral pueda ser contemplada con detenimiento.
 Tras llegar el templo, otra vez el Himno Nacional y la entrada, para dejar a la Virgen con la Salve Regina. En la imagen la impresionante rejería del Altar Mayor.
 Hay tanto que contar de la Catedral que excede de un post. Nos fijamos sólo en la placa de los Sacerdotes Mártires del 36.
Entre ellos, los que fueron beatificados en 2007 en El Vaticano, en un gran grupo de 498 mártires.
Ya en la Capilla de la Virgen, porteadores, músicos y colaboradores se hacen una foto de grupo con el Hermano Mayor, Ricardo Alba.
 Al salir, camino del Alcázar, pasamos por otra puerta gótica que aquí casi no se nota entre tanta maravilla, pero que en otros lugares daría renombre a cualquier población.
Y la Iglesia de San Justo, que comparte titularidad con Pastor, donde comienza una de las cuestas más empinadas de la ciudad que ciñe el río Tajo.
 La comida de hermandad registró una gran asistencia. Dijo unas breves palabras José Luis Moscardó, Conde del Alcázar de Toledo, que agradeció la presencia de la Hermandad de Baeza, representada por su Hermana Presidente, así como la buena gestión que está haciendo la nueva junta directiva.
 El Hermano Mayor, Ricardo Alba, hombre curtido en mil batallas patrióticas, habló con ilusión, arengando y animando a seguir la lucha y hacer frente a todas las dificultades.
 Hasta el fondo se extendía la asistencia, la más numerosa en mucho tiempo.
 Además, había defensa antiaérea, por lo que todo estuvo muy tranquilo.
Benedicto Martín-Amores y José Luis Corral conversaron animadamente. Y hasta la próxima.

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