martes, 21 de noviembre de 2017

Discurso de José Luis Corral en la Plaza de Oriente 20-N-2017



Discurso 20-N-2017 de José Luis Corral en la Plaza de Oriente

Compatriotas, camaradas y hermanos en la Fé de Cristo:

José Antonio

Estamos aquí para venerar la memoria de un hombre que les es dado a los hombres cada muchos siglos. Hombres de vida breve, pero tan intensa y fulgurante que su nombre queda inscrito en los muros de los templos y en el frontispicio de la historia. Que su luz queda fija en la bóveda del cielo, como un lucero.

Así fue Cristo, Hombre y Dios verdadero, por encima de todos, cuya vida pública fue de los 30 a los 33 años. Y así ha habido otros, que a tan joven edad y a tan temprana muerte, han quedado en la memoria imperecedera de la humanidad. Así Alejandro Magno, conquistador legendario. Así en su juventud aquellos tres reyes y primos, Fernando III el Santo, San Luis IX de Francia y Jaime I el Conquistador.
Así el Señor nos regaló un joven providencial en el siglo XX. Inteligencia aguda, sensibilidad social, amor a la Patria, respeto por el hombre, fe firme. A su conjuro y por su palabra se puso en pie lo mejor de la juventud española y toda la España que no había renunciado a serlo y que se sublevó contra la esclavitud de un materialismo atroz, atizado desde las frías estepas rusas. Él no pudo ver la Victoria ni el triunfo de sus ideales, pero de su doctrina y de sus consignas surgieron los hombres que hicieron posible una España mejor, una nueva España. Y de su doctrina, su figura, su ejemplo y su Cara al sol se hacen eco todos los puntos cardinales del planeta Tierra.
No en vano, si España es una unidad de destino en lo universal, aquel poeta, aquel profeta, aquel genio de España, tiene también una proyección universal.
José Antonio Primo de Rivera, ¡¡¡ Presente !!!

Franco

Estamos aquí también para recordar al hombre que más ha hecho por España y por la Iglesia en los últimos siglos:
Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, Generalísimo invicto de sus Ejércitos victoriosos sobre la masonería, el comunismo y el separatismo, Jefe del Estado español durante 40 años de paz, unidad, bienestar y prosperidad, Jefe del Gobierno y del Movimiento, Centinela de Occidente, Hijo Predilecto de la Iglesia, a la que salvó de la mayor persecución de toda su historia, benefactor del pobre y del obrero, protector de la familia y de los inocentes, juez severo con los malvados e indulgente con los errados, ejemplo para todos los buenos españoles, maldición para los enemigos de España y de la Fe, Restaurador de la Compañía de Jesús, refugio de perseguidos de toda Europa y del ancho mundo, impulsor de la Justicia Social, creador de la Seguridad Social, neutral en la Guerra Mundial, promotor de la educación y de las buenas costumbres, familiar, honrado, religioso, prudente, escuchante, sufriente y paciente....
Tu inmarcesible Gloria traspasa los tiempos y las fronteras, nadie podrá borrar tu huella, ni tu nombre, ni tus hazañas.                                         
Francisco Franco, ¡Siempre Presente!
España

Venimos aquí porque somos patriotas, amantes activos y comprometidos de nuestra Patria, que es España, la más hermosa y gloriosa Patria que se pueda concebir. Ya decía San Isidoro en el siglo VI que era la más hermosa entre las naciones. Pero si San Isidoro levantara la cabeza 15 siglos después, a la vista de su historia y sus monumentos, diría también que España es la nación más gloriosa entre las naciones.
Porque aquí, en esta Península y en sus islas y en su proyección norteafricana, en el Fin de la Tierra que era para las civilizaciones mediterráneas, se creó un pueblo de singulares características, pero que ya dio muestras en la prehistoria de su gran capacidad, desde las Cuevas de Altamira hace 15.000 años a la Dama de Elche hace 2.500 años.
Una Nación que nadie se inventó con una escuadra y un cartabón, y menos con un compás, como tantas que surgieron en los dos últimos siglos. Una Nación con todos los climas, incluido el ártico en las cumbres, el desértico en Almería y el tropical en la costa granadina.
Una Nación que se resistió a la dominación romana con heroísmo simpar, hasta que se hizo romana también, como atestiguan monumentos que ni la propia Roma supera. Que también se desposó con el pueblo visigodo y pergeñó un nuevo arte con el arco de herradura, aprovechado tanto por islámicos como por mozárabes y en el prerrománico.
Una España visitada por San Pablo y por Santiago y por la Virgen María, que custodia el Pilar y la tumba del Apóstol. Que dio a la iglesia innumerables mártires y santos desde el principio y los continuó dando a borbotones durante todas las centurias, sobre todo en la gran persecución de los años 30, con 7000 sacerdotes, obispos y religiosos asesinados en el gran conjunto de los 113.178 caídos por Dios y por España cuya relación consta nominalmente en el Santuario de la Gran Promesa de Valladolid. 1.875 son ya Beatos.
Una Patria que contuvo la invasión islámica y que se tuvo que esforzar ocho largos siglos en la Reconquista, de Covadonga a las Navas y Granada. Y que hubo de seguir en Lepanto y en todo el Mediterráneo. Don Pelayo y el Cid, Juan de Austria y el Gran Capitán.
Fue aquí donde el arte islámico alcanzó su máximo esplendor. No hay en el mundo nada que supere a la Alhambra y a la Mezquita de Córdoba. El románico y el gótico alcanzaron también en nuestro suelo sus más altas cumbres.
Y España se hizo Imperio y descubrió un Mundo Nuevo y construyó un Nuevo Mundo, y llevó su lengua, su cultura y su religión por todos los continentes. La unidad de destino en lo universal, que decía José Antonio. Colón, Pizarro y Hernán Cortés.
Y al tiempo, España hubo de hacer frente a la amenaza protestante, con todo el Norte de Europa sublevado contra la Iglesia y carcomido por la herejía. Cuando España fue “martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma”, que decía Menéndez Pelayo.
Mientras luchaba, España hacía civilización, en monasterios y universidades, escuelas y hospitales, fueros y gremios, familias y aristocracias.
A la Virgen María la dibujaba Velázquez y la pintaba Murillo, le rezaba Santo Domingo que inventó el rosario y le componía la Salve San Pedro Mezonzo. Mientras a su Divino Hijo lo esculpían Gregorio Hernández y Salzillo, Alonso Cano y Mena, que dejaron los pinceles al Divino Morales y al Greco, a Zurbarán y a Goya. No hay ciudad, ni pueblo ni aldea que no tenga su templo y sus patronos del santoral cristiano.
La esencia de España es su catolicismo, que no es sólo una creencia individual, sino una cosmovisión del mundo. Como dijo también con su concisión y precisión José Antonio:
Esa ha sido la constante de nuestra historia. Está a la vista en sus monumentos, desde el Monasterio del Escorial al Valle de los Caídos; del Tibidabo al Cerro de los Ángeles.
Y cuando España misma ha estado a punto de perecer, el pueblo español, como en esta plaza de Oriente el 2 de mayo frente al impío francés, o el 18 de julio del 36, frente al impío marxista, se ha sabido levantar y dar su escarmiento y merecido a los enemigos de la Patria. Que así vuelva a ser, ahora que nos desafían los traidores separatistas, que quieren robarnos y separarnos parte de nuestra Patria amadísima, como lo es Cataluña.

El pueblo español

Porque cuando todo falla, siempre queda el pueblo. El pueblo español, verdadero protagonista de nuestras gestas. De Sagunto a Covadonga, de Numancia a Las Navas, el 2 de mayo en esta plaza y el 18 de julio del 36. Pero el pueblo necesita a su Ejército, sin el cual no puede vencer, sólo sucumbir heroicamente. Y el Ejército nada puede sin el pueblo, salvo asonadas y poco más. Pueblo y Ejército español unidos son invencibles.
Por eso, cuando el peligro del desgarro de nuestra Patria se hace presente, ha sido el pueblo español el que mejor ha reaccionado. Y testigos evidentes son los balcones y las ventanas de toda España, que gritan Viva España con el tremolar de sus banderas rojigualdas. Ya tiene el Ejército español al pueblo español dispuesto, para cumplir su más sagrado deber, que es la defensa de la Patria, su unidad, su integridad, su independencia, su soberanía y su identidad.
Pero no olvidemos que se necesitan minorías selectas, las más sensibles y preparadas, las más audaces y valientes, que sean las primeras en dar un paso al frente. Y esa minoría española somos nosotros, la conciencia viva de España que tiene en esta Plaza de Oriente su ágora.
Una minoría que lleva más de 40 años alertando a sus compatriotas sobre los males que se avecinaban y que fatalmente se han cumplido.
Una minoría que fue la primera en reaccionar al desafío separatista que ya se consumaba. Por eso, hace 4 años, un grupo de elegidos, de selectos, de privilegiados, de auténticos patriotas, dio un grito de alarma, un 11 de septiembre del 2013, entrando a un garito separatista, en un acto con todos los componentes de un acto de una embajada que celebra su fiesta nacional. Era la librería Blanquerna. Los patriotas entraron durante un minuto, antes de que comenzara el acto, que no interrumpieron. Y corearon sólo dos consignas: “No nos engañan, Cataluña es España” y “Catalanidad es Hispanidad”. Era un acto de libre acceso y fue sólo un grito con banderas. Tal hecho les mereció una pena de varios meses a cada uno por parte de la Audiencia Provincial de Madrid, por supuestos “desórdenes públicos”. El Tribunal Supremo atendió la petición de la acusación particular, que era la Generalidad de Barcelona y quería 15 años para cada uno de los patriotas que entraron. El Tribunal Supremo estimó que los patriotas actuaron “por odio ideológico”, supuesta razón por la que elevó las penas a entre más de dos años y cuatro años de cárcel. Es tal la enormidad y el agravio comparativo con tantos crímenes y agresiones que se cometen, que el Tribunal Constitucional no ha tenido más remedio que admitir el recurso y suspender provisionalmente el ingreso en prisión.
Pues bien, sepan todos los españoles de bien que ahora se indignan, que cuatro años antes, 14 patriotas se adelantaron a gritar lo que ahora grita toda España, comenzando por el Jefe Nacional de La Falange, el camarada Manuel Andrino, al que desde aquí elevo mi más gran aprecio, afecto y reconocimiento, extensible a Pedro Chaparro y a todos ellos.

Los católicos

Si los católicos fueran coherentes no pasaría nada de lo que está pasando. No digo impecables, perfectos, puros, que eso lo hemos de procurar todos, aunque fallemos por nuestra imperfección y debilidad humana. Digo coherentes, consecuentes, lógicos y sensatos.
Y los católicos españoles llevan 40 años de incoherencia, de despropósito, de confusión, de locura, de absurdo.
Por eso asesinan a 100.000 niños antes de nacer cada año. Por eso se ha destruido la familia. Por eso el lobby gay domina. Por eso la ideología de género se ha convertido en una tiranía. Por eso se ofende impunemente a Dios, a la Iglesia y a los creyentes. Por eso la Ley de Memoria Histórica vilipendia nuestra Cruzada Nacional de Liberación y hace escarnio de nuestros mártires y de nuestros caídos, ensalza a los asesinos y vitupera a los héroes……. Etc., etc…….
Porque no estamos en Mongolia, aunque lo parezca. Porque aquí hay una mayoría de bautizados y creyentes católicos. Porque había 9 millones de católicos de misa dominical, quedan 7 y pico. Con esos votos podría haber habido gobiernos católicos o representaciones católicas muy fuertes. Y sólo hubo una vez un diputado católico consecuente, que fue Blas Piñar.
No es que no hubiera candidaturas católicas, que las hubo en casi todas las elecciones, sino que los católicos no quisieron votarlas. Y siguen sin querer. No triunfaron, cierto, pero con su presencia fueron y son una acusación formidable contra las conciencias deformadas de los católicos que prefirieron votar abortistas, divorcistas, laicistas, amorales e inmorales. Que si el mal menor, que si el voto útil, que si vienen estos o los otros, que para que se vayan, que para que no vengan. ¡Cuánta necedad!
Los católicos han actuado durante 40 años como la plebe en el Pretorio.
Han preferido Barrabás a Cristo. Y las Jerarquías Católicas, como nuevo Sanedrín, las han alentado a ello.
Los que han seguido a Cristo Rey han recibido la bofetada de la incomprensión, el escupitajo de la calumnia, los latigazos de la persecución, la burla como corona de espinas, la caña del desprecio y la clámide púrpura de las multas y detenciones.
Mientras Barrabás, el ladrón corrupto, se sentaba en las Cortes, Pilatos en la Moncloa y Herodes en la Zarzuela
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Tres centenarios

Lo que nos ha tocado vivir tiene mucho que ver con 3 centenarios que se celebran este año, 1517, 1717 y 1917: Protestantismo, Masonería y Comunismo. Según los autores más avisados, el Judaísmo es el amo, la Masonería su camarlengo y el Comunismo su verdugo.

Lutero

En 1517 un heresiarca infernal, Martín Lutero, clavaba sus 95 tesis en Wittenberg. A partir de ahí, haciendo bueno el adagio de que “corruptio optimi, pessimi”, el monje maldito convirtió la única religión verdadera en la peor de todas las religiones, la que enseña que puedes hacer lo que quieras, cualquier maldad, si tienes fe: “Pecca fórtiter, sed crede fortius”. Abolió 5 de los 7 Sacramentos, suprimió la devoción a la Virgen y a los Santos, desechó la Sagrada Tradición y los 1.500 años de cristianismo precedentes, defendió la libre interpretación de la Biblia, siempre que se estuviera de acuerdo con él, insultó al Papa y a la Iglesia, acabó con la Misa, negó el Purgatorio, destruyó el monacato y entregó los bienes de la Iglesia a los príncipes, asegurando así el triunfo de su revolución, que sólo el generoso esfuerzo de los Tercios españoles pudo contener y limitar al Norte de Europa, salvando así a la Iglesia Católica. Pues bien, ahora España ya no es confesionalmente católica y la propia Iglesia en Roma encumbra al heresiarca. Pero nosotros en esta Plaza seguimos siendo españoles y católicos, apostólicos y romanos. Y aunque un ángel del cielo viniera a decirnos algo distinto no le creeríamos, ni siquiera aunque lo digan en el Vaticano. Lutero no, nunca, jamás.

La Masonería

En 1717, en la Inglaterra anglicana, surge la Masonería, sociedad secreta al servicio del judaísmo, que tiene como finalidad dominar el mundo, extirpar la influencia cristiana y destruir a la Iglesia Católica. España la viene padeciendo desde el reinado de Carlos III, fruto de lo cual fue la disolución de los jesuitas y la destrucción de las Reducciones del Paraguay. Esa Masonería fue la que consiguió independizar y dividir a la Ameríca Hispana, participando de forma muy destacada en todos los gobiernos desde entonces, mientras hacía lo propio en España, donde produjo la nefasta Desamortización y varias guerras civiles durante el siglo XIX, que culminaron con el establecimiento de la II República, donde llegaron a dominar el Parlamento. En la actualidad vivimos su mayor dominio en la historia. Mundialismo, Nuevo Orden Mundial y Masonería son términos sinónimos que nos hablan de una sociedad secreta de hombres sin escrúpulos que domina el mundo y aspira a que su dominio sea absoluto. Con otros nombres y formas, Conferencia Bilderberg, la Trilateral, el Club de Roma… Los mismos perros con distintos collares.

El Comunismo

En 1917, tras advertirnos la propia Virgen María en Fátima, surgió el comunismo, el peor mal de la Humanidad en toda su historia, que produjo 100 millones de muertos en todo el mundo. Hambre, miseria, terror y muerte son los resultados inexorables del virus comunista. Un comunismo que no pudo ser vencido por el mejor ejército que había, el alemán, que tuvo que batirse en retirada desde Stalingrado a Berlín. Ni pudo ser vencido por el poderoso ejército francés ni por su Legión Extranjera, derrotado en Dien-Bien-Phu. Ni pudo ser vencido por el poderosísimo y temible ejército americano, ni en Corea, ni en Vietnam, ni en Laos ni en Camboya. No pudieron los cristeros mejicanos, ni los portugueses en África, ni Haile Selassie en Etiopía, ni el Generalísimo Chiang Kai-Shek en China.
Pero hubo un sitio donde sí fue vencido militarmente. Fue en España y lo derrotó el Ejército español con su pueblo. Con el Generalísimo Franco como Caudillo. De 1936 a 1939.
Por eso estamos aquí los herederos de la Victoria, los agradecidos a José Antonio y a Franco y a los Caídos y al Ejército Español. Para decir que vencimos y venceremos. Para enarbolar sus banderas, cantar sus himnos y gritar nuevamente como gritaron nuestros mártires:

¡¡¡ ARRIBA ESPAÑA !!!    ¡¡¡ VIVA CRISTO REY !!!

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