lunes, 24 de septiembre de 2018

XCVIII Aniversario de la Legión. Celebración en Valladolid

 La Legión Española, fundada por Millán Astray y Franco, cumple 98 años. Con tal motivo, han tenido lugar solemnes actos por toda España. Reseñamos uno de los que se han celebrado en Valladolid, donde hay dos hermandades que han hecho actos por separado. Este se ha desarrollado en la populosa barriada de La Victoria, allende el río Pisuerga.
 Los legionarios se prepararon en la sede de su hermandad, acogedora, ordenada y llena de recuerdos.
 A continuación, los antiguos legionarios formaron en la calle con sus uniformes.



 Tras completar la formación, se sale en paso ordinario.
 Desfilan por las calles del barrio.
 Hasta llegar a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, donde iba a celebrarse la Santa Misa.
 Por la clásica portada renacentista entraron en formación los legionarios y sus emblemas.
 Así era la vieja iglesia de la Victoria. Pero los aires conciliares se la llevaron y quedó sólo la portada, lo más notable de ella exteriormente.
El nuevo conjunto es más funcional y podría ser más feo, según hemos visto en otras. El ladrillo salvó un poco las apariencias.
En el tablón de anuncios figura el cartel de la convocatoria.

 El interior es cómodo y amplio. En la Presidencia de Honor, el Magistrado Luis Martínez Palomares y el Coronel José Luis García-Conde, con sus respectivas esposas.
 El Párroco comentó el Evangelio. Mientras Jesús les enseñaba, los Discípulos iban discutiendo sobre quién era el más importante. Eso nos puede pasar, que nos distraigamos de nuestro seguimiento del Señor para ocuparnos de nuestros caprichos y apetencias. Los legionarios tenéis el Cristo de la Buena Muerte, pero es el Cristo de la Vida, porque resucitó y vive, Él es nuestra Esperanza y la única Salvación.
 El retablo renacentista y el hermoso Cristo centran la atención y dirigen las miradas. Sin embargo, el Señor, en el Sagrario, escondido en un rincón, allí al fondo a la izquierda, en la penumbra, como para no molestar.
 La salida fue como la entrada, con toda solemnidad.
 Y el público se fue agolpando en las aceras y saliendo a las ventanas, gustosos de ver un espectáculo tan bello como es el ceremonial legionario.

 Hasta llegar a un Parque donde hay espacio suficiente para hacer los honores propios de la Legión al Cristo de la Buena Muerte.
Un sencillo, pero significativo altar dominaba todo el conjunto. Una buena megafonía permitió entonar los himnos con toda la fuerza y sonoridad que merecen.
 Los tambores van marcando el paso y son un elemento muy importante del ceremonial.
 El vecindario, por cientos, se agolpó en derredor, siguiendo  todo el acto con un solemne silencio, que ni los niños rompieron.

 Se cantarón "El Novio de la Muerte" y "La canción del legionario", así como "La muerte no es el final". Además, al principio, el Himno Nacional y al final el Toque de Oración militar. Mientras se hacía la noche y aparecía la Luna, que no quiso perderse el acontecimiento.


 Tras depositar la corona de laurel, el Sargento que dirige el piquete se dirige al Coronel:
"Mi coronel, a sus órdenes. Sin novedad. Si Vuecencia lo permite, nos retiramos en formación".
 Para terminar, una cena de hermandad. El Coronel José Luis García-Conde pronunció unas palabras recordando el heroísmo de la Legión, sus 9.300 muertos, muchos miles de heridos y cientos de desaparecidos.
 El sacerdote bendijo la mesa.
 Al final, leche de pantera, típicamente legionaria. Así que el Jefe Nacional del Movimiento Católico Español y de Acción Juvenil Española se animó a hablar. He aquí un resumen de sus palabras:
En el Calvario, lo que más había eran legionarios. Los que le hicieron apurar una amarga pasión, con latigazos, corona de espinas, escupitajos, bofetadas, burlas, la cruz a cuestas y la crucifixión.
Pero la muerte de Cristo lo cambia todo. Por eso es un centurión, a la vista de los prodigios que suceden al expirar Jesús, temblor de tierra, noche y tinieblas, el primero de entre los paganos que le van a reconocer: "Verdaderamente este era el Hijo de Dios" (Mc XV, 39).
Porque es precisamente la muerte de Cristo la que nos logra la Redención. No la Resurrección, que es la prueba que se nos da. Las puertas del Cielo no se abrieron con la Resurrección, sino con la Muerte de Cristo, que bajó a los infiernos. Hasta ese momento nadie había podido entrar en el Cielo, ni Adán y Eva, ni Moisés ni los profetas, ni San José. En el Cielo estaba Dios con sus Ángeles nada más.
Por eso la muerte lo cambia todo. Tanto, que ahora es la Legión Española la que rinde el más sublime culto público civil de adoración a Cristo en la Cruz. Salvada la Misa, que es el mismo Sacrificio perpetuado a todos los tiempos y lugares, por lo que es tan oportuno que se vaya también a Misa. No hay en el mundo otro espectáculo tan solemne y maravilloso como el de la Legión adorando a Cristo.
Propio de la Nación Española, que San Isidoro definió como la más hermosa entre las Naciones de la tierra. Y que con su actuar en la Historia es además la más gloriosa y la más santa de las Naciones de la tierra.
Pero no hay Redención sin sangre, por eso, el esfuerzo de la Legión por salvar a España ha costado mucha sangre, mucho sudor y mucho sacrificio.
Por eso las armas, en el Plan de Dios, también son necesarias, como lo fueron en la conversión de Constantino en la Batalla de Puente Milvio, como lo fue toda la Reconquista, como lo fueron nuestros invencibles Tercios, que salvaron la Catolicidad del empuje, la violencia, la soberbia y el fanatismo de los protestantes. Como la fue nuestra Gloriosa Cruzada Nacional de Liberación, donde venció la Fe, pero no por la conversión de los malvados, sino por la Victoria militar de los buenos, entre los que estaba, de forma destacadísima, la Legión española.
Con ese mismo espíritu debemos permanecer, caballeros legionarios, patriotas españoles, católicos auténticos:
¡Viva España! ¡Arriba España! ¡Viva Cristo Rey!
 Valladolid, antigua capital de España, tan llena de glorias y monumentos que hay que ir saboreando en cada viaje. Entre ellos, el Monumento a Colón, de 1892, erigido en La Habana con motivo del IV Centenario del Descubrimiento, trasladado a España tras la independencia de Cuba y puesto aquí en 1905, con ese Escudo del Águila de San Juan guarneciendo los títulos, reinos y glorias de España, tan altivo y majestuoso.
 Y la Basílica de la Gran Promesa, llena de fieles el domingo al mediodía, unas 200 personas en el sitio donde el Corazón de Jesús le prometió al Padre Bernardo de Hoyos: "Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes".
Magnífica predicación, llena de unción y piedad, del anciano sacerdote que celebró. Y maravilloso coro con el órgano en acción, cantando las viejas canciones: "Un Mandamiento nuevo nos dio el Señor..."

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