domingo, 4 de marzo de 2018

Cardenal Osoro: Lamentabilísimo. Contra Fe y Patria. La Santísima Virgen y la Huelga.

Por José Luis Corral

 Cardenal Osoro: Lamentabilísimo. Contra Fe y Patria. La Santísima Virgen y la huelga.
  
Semana "horríbilis" de Su Eminencia Reverendísima el Cardenal Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.
Primero dijo que "no está de acuerdo en ligar Fe y Patria". Luego  ha defendido que la «normalidad» en la vida supone «el respeto a la ley», y más en el caso de la Constitución, una «gran obra» que se hizo entre «muchas» personas que supieron ponerse de acuerdo.
Por eso en octubre hizo «todo lo posible» para que el orden constitucional, «que es bien común de todos y para todos», se mantuviese.
Osoro ha defendido la necesidad del diálogo, pero con «límites» y «condiciones», porque «no se puede hacer al margen de ese orden constitucional». 
Por último, preguntado por la huelga de mujeres que se anuncia, ha dicho:
"Lo comprendo, claro [que las mujeres hagan huelga el 8 de marzo]. Hay que defender sus derechos. Lo haría también, lo hace también de hecho, la Santísima Virgen María".

Desde el máximo respeto para un Príncipe de la Iglesia y como diocesano suyo que soy y al que reconozco como mi Pastor, intentaré hacer la interpretación más favorable para él de lo que ha dicho.
No estar de acuerdo con ligar Fe y Patria significa estar en oposición a toda la historia bimilenaria de España y de la Iglesia. Es estar a favor del laicismo, de la radical separación entre el poder político y el poder religioso. Es negar la obligación que tiene el César de supeditarse a Dios. Supone desconocer la obligación moral de todas las personas y de todas las sociedades de acatar la Ley de Dios y de adorarle particular y públicamente, personal y colectivamente, dándole el culto por Él mismo establecido, principio reiterado por el Concilio Vaticano II en el prólogo de la "Dignitatis Humanae". Cosa que por otra parte él practica cuando se rodea de todo el aparato político y militar del Estado en ceremonias y procesiones. Y que admite cuando el Jefe del Estado visita, a título de Rey, a Jesús de Medinaceli. O sea, una contradicción.
En segundo lugar, voy a admitir que, en la práctica, en la situación "de facto", que vivimos, "no se pueda hacer nada al margen de ese orden constitucional". Pero de ahí a bendecirlo como bueno hay un abismo. Tanto en su origen como en su desarrollo.

En su origen, decir que es "una gran obra que se hizo entre muchas personas que supieron ponerse de acuerdo", significa desconocer o aprobar que una buena parte de los que se pusieron de acuerdo traicionaron sus sagrados juramentos de defender otro orden constitucional, el de un Estado confesionalmente católico surgido de una Cruzada en defensa de la Fe y de la Patria, precisamente.
En su desarrollo, perfectamente coherente con su articulado, porque esa Constitución supone el apoyo legal para el inmenso genocidio del aborto, ese "crimen abominable" que denunciaba el Concilio Vaticano II. Y el divorcio, contra el mandato del Señor "lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Y las leyes de género. Y la innumerable plaga de males, muy superior a las 10 plagas de Egipto, que nos han sobrevenido como consecuencia de la instalación de una democracia liberal, partitocrática y sin principios morales. Porque la Democracia no tiene ningún principio moral, absolutamente ninguno, salvo uno: el sufragio universal. Lo que decida la mayoría de los votos es ley, sea lo que sea, desde prohibir la Religión hasta matar, robar, esclavizar o corromper a los ciudadanos.
Un Cardenal no puede defender, sin grave contradicción, pecado y escándalo, tan radical oposición a la Ley de Dios, que procede del "Non serviam" satánico. Nosotros proclamamos con San Pablo lo contrario "Ya comáis, ya bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios" ICor.10,31.
Vamos con las mujeres, la huelga y la Santísima Virgen. Yo quiero interpretar benévolamente que cuando Su Eminencia dice que "comprende y lo mismo haría, lo hace de hecho la Virgen María", se refiere a que comprende las inquietudes y reivindicaciones de las mujeres, que no del feminismo.
Al margen del oportunismo demagógico que esto supone, remando siempre a favor de la corriente, es inadmisible la interpretación que se ha hecho de esas palabras. Porque si se trata, como se ha interpretado sin rectificación, que la Virgen María haría también huelga, eso es una irreverencia de muy subido tono. No me imagino a la Santísima Virgen María negándose un día a cambiarle los pañales al Niño Jesús y aguantar indiferente sus lloros por falta de comida, bebida y del cariño de los brazos maternales. Ni a San José desatendido de la misma manera. Ni creo que las monjas esposas del Señor vayan a hacer huelga el 8 de marzo ni ningún otro día. No creo que las Hermanitas de los Pobres ni las Hermanitas de los Ancianos Desamparados dejen sucios, sin comida, bebida ni medicinas ese día a los muchos impedidos que se alojan en sus asilos. Ni creo que las Hijas de la Caridad que tengo al lado dejen abandondos ese día a los niñitos con enfermedades incurables y gravísimas que cuidan con tanto esmero, paciencia y dedicación. Ni siquiera el 8 de Marzo. Ni que se lo dijera un Cardenal, que ya sé que no se lo va a decir. Precisamente a mí me gustaría que S.E.R. sí hiciera una huelga: Huelga de Silencio.
En fin. Lamentable. Muy Lamentable. Lamentabilísimo.

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