domingo, 7 de mayo de 2017

LXXX Aniversario de la Gesta de Alcubierre

 80 años después, la Gesta de Alcubierre, en la que perecieron 60 falangistas defendiendo la posición contra fuerzas abrumadoramente superiores, salvando así a Zaragoza de caer en manos de los rojos.
 Al mediodía, en un día espléndido de luz y sol, con el viento recio que caracteriza esta Sierra de los Monegros, las banderas colorearon el paisaje.
 En la explanada sita al pie del monumento, un altar con una cruz sobre torre enhiesta, se congregaron los asistentes, convocados por la Hermandad Nacional de Banderas de Falange de Aragón, apoyada por la Hermandad de la Vieja Guardia de Barcelona, el Movimiento Católico Español y Acción Juvenil Española.

Como explicó José Luis Corral en un breve responso, si no podemos celebrar la Santa Misa por falta de sacerdote, nos unimos espiritualmente a las más de 400.000 misas católicas que se celebran diariamente en el mundo entero.
 El Secretario de la Hermandad recordó los hechos históricos que aquí se sucedieron.

El puerto de Alcubierre, tenía una gran importancia estratégica y táctica, ya que su posesión daba la posibilidad de dominar por la vista gran espacio de terreno. Desde San Simón o desde cualesquiera de las otras cotas elevadas, se visualiza casi desde Zaragoza a Huesca. También desde la posición de Monte Oscuro, más al interior de la sierra, se domina una grandísima extensión. El puerto era también importante, porque controlaba el paso y la comunicación entre Leciñena y el pueblo de Alcubierre y era una de las llaves para llegar a Zaragoza, objetivo prioritario para tomar y defender.


El 8 de abril de 1937, las fuerzas nacionales ocupan posiciones entre los riscos de la Sierra de Alcubierre ante la inminencia de un ataque del ejército rojo. La posición Quinta Derecha, mandada por el alférez Máximo Romero y el jefe de la Décima Falange de la Bandera Móvil de Aragón, Victorio Alares, y la Posición Segunda Izquierda, defendida por la Falange 25 de la Tercera Bandera, llamada San Simón en honor de un heróico sargento de la Legión y luego Posición Santamaría porque en ella murió, defendiéndola, el teniente de la Guardia Civil Eugenio Hernández Santamaría, fueron el blanco del ataque en masa sufrido en este día.


A las 4 de la tarde, un intenso ataque artillero, ayudado tácticamente por la aviación y seguido de intentos de asalto por parte de los milicianos hizo romper la tierra a lo largo de todo el frente. El empeño del enemigo se cebó sobre todo en la posición Quinta Derecha, brutalmente atacada y valerosamente defendida, pese a que sus servidores no llegaban a una cuarentena de falangistas. El paso está cerrado. La Quinta Derecha aguanta con bravura el ataque, que es detenido.


Pero el enemigo no cede, se reagrupa y decide abrir la resistencia por la San Simón en un sorpresivo ataque, con masificación de hombres y efectivos. La lucha es cruel y desigual. De una parte la saña y la fuerza; de otra, el valor y la muerte, pero acabaron con la resistencia y la posición fue abandonada en el amanecer del 9 de abril de 1937, poblando los luceros con los 60 héroes de Alcubierre.


Mientras tanto, una alevosa llamada de socorro desde la Santamaría, efectuada por el enemigo, hace que el alférez de Caballería Julio Martín, al mando de la Falange 63 corra en auxilio de sus defensores,… al amparo de la noche son aniquilados en su mayoría.


El día 10 de abril, una sección de la Segunda Bandera de la Legión y fuerzas de la Tercera Bandera de la Falange de Aragón, a las órdenes de su jefe, Mariano Escribano, recuperan heroicamente la posición masacrada el día anterior.


Todavía en el mes de junio y, debido a la ventaja de su posición estratégica, hay un desesperado intento de tomar la Santamaría por parte del ejército rojo, necesitado de alardes propagandísticos. Defendida por 93 falangistas al mando del alférez Romero y del sargento Alares, es hostigada con dureza y sufre elevadas bajas. El bravo sargento Alares pierde el brazo derecho, pero continúa firme en la defensa de la posición.


Perecieron todos los héroes falangistas defensores antes de rendirse, pero evitaron con ello el avance rojo hacia Zaragoza.


Eugenio Hernández Santamaría, recibió la laureada individual a título póstumo.


La gesta de Alcubierre, dio origen a numerosas coplas en el bando nacional:


Si subes a la pradera,

no pises las amapolas,

que están regadas con sangre

de la Falange Española.


Con un puñado de sal,

y otro de canela en rama,

hizo Dios a José Antonio

para que salvara a España.


En la Sierra de Alcubierre

hay una fuente que mana

sangre de los falangistas

que murieron por España.


Échale tristeza al vino

y amargura a la guitarra,

camarada, nos mataron

al mejor hombre de España.


Tres cruces llevo en el pecho,

tres heridas en la carne,

y en el corazón tres nombres.

Dios, España y la Falange.

 Por su parte, el representante de la Vieja Guardia de Barcelona recordó el grave momento que se vive en Cataluña, donde los separatistas quieren perpetrar el crimen de romper la unidad de España y convertir a esa región española en un estado independiente. Contra ese alevoso intento, los falangistas y todos los buenos patriotas, que ya están luchando y manifestándose, se opondrán con todas sus fuerzas.
 José Luis Corral se refirió a la mentira de quienes engañan a la gente poniendo palabras y conceptos bonitos para disfrazar el mal. Desde la serpiente del Paraíso que prometía a nuestros primeros padres que serían como dioses y que no morirían si comían del fruto del árbol prohibido hasta la actualidad en la que se proclaman derechos a disponer del propio cuerpo para referirse al abominable crimen y genocidio del aborto; a la muerte digna cuando quieren exterminar a una generación de ancianos y enfermos que son una pesada carga para los presupuestos; al derecho a decidir cuando quieren romper una nación milenaria.
Es lástima que la gente se mueva sólo por intereses materiales, aunque sean legítimos. Por eso nosotros nos elevamos físicamente en estas montañas y espiritualmente hasta el cielo, en comunión con nuestros caídos y con nuestros camaradas que hacen guardia en los luceros y que nos acompañan desde los graderíos celestiales para presenciar estos momentos maravillosos, donde se juntan cielo y tierra, donde vivimos el patriotismo, que es algo más que una idea, una opinión e incluso que un sentimiento, es un modo de vivir, que si no se ejercita se paraliza.
Por eso los actos patrióticos son memoria viva del pasado, entendimiento cabal del presente y voluntad resuelta de luchar por una España mejor.
 Se colocaron las 5 rosas simbólicas con el cántico del "Yo tenía un camarada". Después, "Oriamendi", "Cara al sol" y el "Himno Nacional" con la letra de Pemán. Mientras hacíamos la foto de familia, el Toque de Oración Militar. Luego, mientras se recogía, la megafonía nos emocionó y alegró con la Oda del 2 de Mayo, "El Sitio de Zaragoza" y la Jota "Quien al oír un Viva España...", entre otras melodías apropiadas.
video

 Más abajo, entre las trincheras y refugios, otra oración y otro "Cara al sol".

 Después, para apurar las horas en camaradería, comida de hermandad. Intervinieron casi todos, menos algunos que se fueron a fumar. Porque los jefes no son rollistas que abruman con sus teorías, sino que ocupan un puesto de servicio y saben que todos tienen cosas interesantes que decir.
 Estas comidas, que no son tan multitudinarias como antaño, permiten que nos conozcamos mejor, conocer nuestras trayectorias vitales y exponer nuestras inquietudes. Las de todos.
 Uno de los que habló fue Carlos Pérez de Tudela, muy veterano en estas lides, con una larguísima experiencia de asistencia a actos.

Otro personaje muy conocido en la comarca de Tortosa es Fontanet, que contó cómo en Camarles, por la imposición de quitar los nombres de personajes históricos, se decidió por plebiscito de todo el pueblo que todas las calles fueron numeradas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario