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lunes, 3 de abril de 2017

Discurso de Pablo Gasco de la Rocha en el acto del 1º de Abril



Hagamos silencio para escuchar la voz de la historia, que dimensiona con toda exactitud la fecha que hoy celebramos…
“La Victoria no es nuestra. Somos sus administradores. La ganaron los mártires y los héroes, y por ello hemos de conservarla cuidadosamente, teniendo siempre presente el espíritu de los caídos y extirpando de raíz la envidia, la murmuración, el recelo y los malquereres en la sociedad”.
(Palabras pronunciadas por Franco, Valencia, 4 mayo 1939)
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¿Qué interés puede ofrecer hoy, en el contexto en que estamos, más allá de nuestra lealtad a quienes salvaron a España de la ruina moral y material, la Victoria del 1 de abril de 1939?
Yo creo que mucho, porque resulta esencial para aplicar lecciones a la realidad actual y evitar los errores del pasado. No en vano, este extraordinario acontecimiento histórico aún reverbera en la memoria de la sociedad española y en sus luchas cotidianas.
Por nuestra parte, y por eso nos alegramos de estar hoy aquí, Conmemoramos, esto es, recordar solemnemente, y Celebramos esta fecha del 1 de abril, para ensalzarla públicamente por el hecho solemne que representa…
La Victoria de la Guerra, que también define Franco… Porque la guerra unió y dio cohesión a lo que un sistema político había artificialmente dividido. Se luchó para librar a nuestro pueblo de las influencias del marxismo y del comunismo internacionales, que se introdujeron en nuestro país para hacer de España una sucursal del bolchevismo moscovita. Y para salvar los valores morales, espirituales y religiosos del pueblo español, que constituyen la base de nuestra existencia nacional e individual.
Y el comienzo de la Paz y de la prosperidad, porque tras la guerra se dio paso a una revolución social de una extraordinaria extensión y profundidad. Así, es obligado destacar, que el contenido social de la revolución española, iniciada desde el comienzo de la guerra en la España nacional, y pese a que es conscientemente ocultado, tergiversado y mancillado, ha escrito una página gloriosa en el gran libro de la Historia sobre el dictado de Franco:
“No hemos triunfado para volver al Poder a los burladores en los viejos comicios, para imponer a una clase social determinada; sino por España y por los españoles, sin distinción de clases”. (Palabra en Egea de los Caballeros, el 2 de junio de 1942)
Y este doble recuerdo que hacemos de la Victoria del 1 de abril de 1939, lo hacemos, además, de ahí la obligación de estar hoy aquí, en un contexto de Ofensiva sustentada por una tropa que hasta ayer se dedicaba a romper los escaparates de los establecimientos comerciales; hacía de la vía pública su particular estercolero; intentaba matar policías, o pretendía quemar el Congreso, como quiso hacer su abanderado más destacado, que no es Julio José, el Topo, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, sino un tal Alfón, el verdadero general de Podemos, hoy en la cárcel, que si un día gobiernan, porque así lo decida la voluntad soberana del pueblo, nombrarían Ministro de Defensa; con todo, un sujeto menos peligroso que el abanderado de sus padres, Julián Grimau, un asesino múltiple al que no hubo más remedio que fusilar. Una ofensiva que en Madrid acaudillan tres septuagenarias, muy poco agraciadas y llenas de odio: Montserrat Garcerán, la Alcaldesa y Francisca Sauquillo, la Paca, dirigente que fue de la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), partido político de ideología marxista-leninista de línea maoísta, que en Vascongadas colaboró con ETA.
Hablamos de su Ley de Memoria Histórica. Que ni es Ley, porque no beneficia a todos; ni Memoria, porque está hecha de retales de recuerdos y anécdotas personales; ni Histórica, porque conculca, tergiversa y oculta los hechos acaecidos. Una ofensiva que al modo talibán quita el nombre de calles, plazas, parques y jardines a los nuestros; derriba monumentos y elimina efigies y estatuas, sin importarles el valor artístico que tengan… Una ofensiva cainita y sectaria que busca el enfrentamiento, porque lo que quita más lo que pone se lo dedica a los suyos. Una ofensiva en la que también está este Arco, según informaban los medios de comunicación, cuyo propósito es convertirlo en “museo del frente republicano”…
Claro que entonces, ya no será el Arco de la Victoria, sino el Arco de las horcas caudinas por donde pasó “cautivo y desarmado” el Ejército Rojo, que no republicano, formado por un 30% por ciento de obligados, un 20% por ciento de confundidos, y un 50% por ciento de canalla y gente de baja estofa, asesinos a muchos de los cuales no hubo más remedio que fusilar… pensemos por ejemplo en Companys. Eso sí, que sepan, que también nosotros tenemos nuestros propios listados.
Dicho esto… Digo también, que junto a la lealtad que debemos a la memoria, tenemos que participar también nosotros en el discurso emergente que en esta hora sería sostiene Europa, que no sólo pone en cuestión la Unión Europea, que es un proyecto fundamentalmente masón, sino el sistema liberal desregularizado, que conculca los valores y las ideas que nos constituyen como continente y civilización. No otra cosa que la Cultura Cristiana, a la que se opone una ideología de deconstrucción antropológica de dimensión global y consecuencias nefastas… Por eso digo, que es necesaria la Unidad de Acción, que ofrece enormes oportunidades para jugar un papel preponderante si se tiene una clara orientación, las ideas, las tácticas, el programa, la confianza y la decisión suficientes para aprovechar las oportunidades que se nos presentan.
Por todo lo dicho… Serios y comprometidos…
¡¡¡ Adelante España!!!

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