sábado, 14 de enero de 2017

Mota y Marín, a los 80 años de su gloriosa muerte

En el octogésimo aniversario de la trágica y gloriosa muerte de Ion Mota y Vasile Marín, caídos por Dios, España y Rumanía en defensa de la civilización occidental y cristiana, numerosos patriotas rumanos y españoles se han dado cita en el histórico lugar que recuerda la vida y la muerte de estos héroes que lo dejaron todo para venir a luchar y morir.

 Desde primera hora el monumento se alzaba limpio y magnífico, con sus dos EMES, de Mota y Marín, formando arcos y rematado el conjunto por la Cruz. Las banderas de España y Rumanía ondeaban al ligero viento de la mañana, soleada y clara, benigna y suave. Fue necesaria una brigada de limpieza y otra de custodia durante la noche anterior para impedir profanaciones de los elementos ultraizquierdistas.
 Gente de todas las edades colmó la llanada y los montículos, con algunas banderas, uniformes y trajes regionales rumanos.
 Como es habitual, el acto comenzó con una ceremonia religiosa protagonizada por los popes ortodoxos, que hicieron un responso con su largo y rico ceremonial. También hicieron oraciones los dos sacerdotes católicos de rito oriental, que aparecen a la izquierda de la imagen.
 Alfonso Sánchez leyó una misiva de una asociación patriótica ucraniana, que se solidarizó con el acto y manifestó tener los mismos sentimientos e ideales.
 El Padre Marius Visovan recordó a los mártires y nos exhortó al compromiso y a la lucha.
 Miguel Menéndez Piñar evocó el sacrificio y el ejemplo, no sólo de los caídos, sino de cuantos han sido fieles y esforzados durante décadas, como Horia Sima, Nicolae Rosca, el Príncipe Sturdza o Blas Piñar.
 También estuvo una representación del Partido Nacionalista Francés, expresando su comunión de ideales. Esta vez Yván Benedetti escoltó al orador con la bandera del grupo.
 También hubo una representación del Movimiento Católico Español y de Acción Juvenil Española, encabezada por el Jefe Nacional, José Luis Corral.
 Mientras que una escuadra falangista de abanderados también rindió honores durante la ceremonia.


 Para terminar el acto, el Himno de la Guardia de Hierro, otro himno rumano y el "Cara al sol", con los brazos en alto.
Y fotos de grupo para el recuerdo.
Se celebró una comida de hermandad. En la foto, Juan León, Presidente de Fuerza Nueva Andalucía, y el General Blas Piñar.
 Por la tarde tuvieron lugar una serie de intervenciones a modo de congreso. Hizo la presentación Calín Gabor por la Fundación "Profesor George Manu". Habló en primer lugar Fernando Maqueda, que mostró su orgullo por la identidad y fraternidad entre la Legión de San Miguel rumana y la Falange Española, así como entre Codreanu y José Antonio.
 José Luis Jerez, gran amigo de muchos de los exiliados rumanos en España, habló de aquellos jóvenes, pero ya maduros, intelectuales e idealistas, que fueron Mota y Marín. Que escribían artículos señalando certeramente a los responsables de los males, a la sinarquía mundial y la usura.
 Pedro Pablo Peña, líder de Alianza Nacional, defendió la identidad y la raza que nos hacen formar naciones, que se postrarán en el cielo ante Dios, como explica el Apocalipsis.
 Manuel Andrino, Jefe Nacional de La Falange, reivindicó las figuras de Mota y Marín como válidas para nuestro tiempo, pues la lucha por la Patria y por la Justicia no puede hacerse sin sangre y sacrificio. Sabemos a lo que nos enfrentamos y estamos dispuestos a afrontarlo.
 El General Blas Piñar animó a no tener miedo, a no dejarse amedrentar por los que intentan asustarnos, antes con el comunismo, ahora con el cambio climático, la contaminación o lo que sea, para tenernos dominados. Hemos de ser libres, sinceros, auténticos
 El Padre Marius Visovan relató vivencias personales de su padre encarcelado por los comunistas. Allí coincidió con unos niños de 13 y 14 años que no sabían apenas de política, pero que habían oído hablar del general Franco como vencedor del comunismo y le escribieron una carta para pedirle que fuera a Rumanía a librarles del comunismo. La echaron inocentemente al correo y fueron detenidos por la Securitate, que los encarceló. Uno de ellos murió en brazos del señor Visován, como un ángel. El Padre también contó como cuatro voluntarios que acompañaron a Mota y Marín en España fueron asesinados en Rumanía cuando el gobierno títere masónico del rey Carol.
Al final, los oradores posaron juntos.

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