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sábado, 4 de junio de 2016

Solemne Festividad del Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles

 Día de fiesta en el Cerro de los Ángeles. Atasco en los accesos por la multitud de autocares y automóviles que querían entrar. Los aparcamientos llenos. Miles de personas. Era la Festividad del Sagrado Corazón de Jesús y se conmemoraba también el XXV Aniversario de la creación de la Provincia Eclesiástica Madrileña, con la erección de las Diócesis de Getafe y Alcalá de Henares.
Allí estuvimos nosotros con la bandera de España y el Sagrado Corazón dibujado en ella. Pero no pudimos acceder al recinto por causa de ella. Normas.
 Aunque el sitio que elegimos para seguir la ceremonia, audible gracias a una excelente megafonía, era inmejorable, a los pies del monumento antiguo, fusilado por los rojos.
 Allí esperaba "Et Universo Clero", cerca de un centenar de sacerdotes que concelebraron en la magna Eucaristía.
 Iniciaron la procesión desde el Convento de las Carmelitas que fundó Santa Maravillas de Jesús, cuyo cuerpo yace sepultado en otro convento a pocos kilómetros, el de La Aldehuela.
 Presidía el Arzobispo de Madrid, Don Carlos Osoro, acompañado del Arzobispo Emérito, Cardenal Rouco Varela, los titulares de Getafe, Mons. López de Andújar, y de Alcalá de Henares, Mons. Reig Pla, así como los auxiliares Martínez Camino y Rico Pavés.
Predicó Monseñor Osoro, con su buena y clara voz. Amor y Misericordia a raudales, una y otra vez, como el bolero de Ravel, en distintos tonos y con diferentes instrumentos. Para los más próximos, para los excluidos, para toda la aldea global que es el mundo. Amor y Misericordia que nacen del Sagrado Corazón de Jesús, amantísimo y misericordiosísimo.
 Ni un solo canto tradicional, ni siquiera el célebre "Corazón Divino". Sólo la Salve al final.
 Nosotros, que seguimos la ceremonia con toda atención y devoción, quisimos recordar también al impulsor de la reconstrucción, todavía mejor, mayor y más excelsa que la primitiva, Francisco Franco, Caudillo de España, como se recuerda en una hermosa lápida que la inquina revanchista reclama que se quite, a lo que ha contestado el Obispado que es un recinto privado y que es una placa histórica.
 Estuvimos en el mejor lugar que se puede estar, a los pies del monumento antiguo, fusilado y dinamitado varias veces por los amigos de la democracia y la libertad.
 Como la ceremonia comenzó pasadas las 9 de la tarde, llegó el ocaso como una metáfora plástica y natural del catolicismo patrio, mientras los fieles, numerosos jóvenes también, aguantaban a pie firme.
 La comunión se repartió en numerosos puntos, con los ya clásicos paraguas blanquiamarillos indicando dónde había un sacerdote repartiendo el sagrado manjar.
 La noche y la luz artificial también realzan la vista del grandioso monumento. Llegó la Consagración al Corazón de Jesús, renovada por todos mediante unas estupendas cartulinas que nos regalaron. Hete aquí que la fórmula incluía unos pasajes verdaderamente memorables, que ya no estamos acostumbrados a escuchar, pues el mensaje del Reinado de Cristo queda mutilado y reducido a nuestros corazones en la predicación hodierna. Así tuvimos la dicha de decir:
"Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz,
venga a nosotros tu Reino,
que es Reino de justicia y de amor;
reina en los corazones de los hombres,
en el seno de los hogares,
en la inteligencia de los sabios,
en las aulas de la Ciencia y de las Letras,
y en NUESTRAS LEYES E INSTITUCIONES,
vence todos los poderes del Maligno
y llévanos a participar
en LA VICTORIA DE TU SAGRADO CORAZÓN".
Sólo faltó la palabra ESPAÑA. La pronunciamos nosotros con nuestra bandera. Adiós, Sagrado Corazón, contigo vamos, contigo luchamos, contigo triunfamos. ADVENIAT REGNUM TUUM.
 
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