domingo, 1 de mayo de 2016

La Gesta de Alcubierre, una vez más

 Un año más, la Gesta de Alcubierre, donde perecieron 60 falangistas tratando de impedir el avance rojo hacia Zaragoza en la primavera de 1937, ha sido conmemorada en el monte donde tuvo lugar aquel suceso heróico. Convocados por la Hermandad Nacional de Banderas de Falange de Aragón, un nutrido grupo de patriotas, en su mayor parte procedentes de Aragón, Cataluña y Madrid, llegaron a este punto fronterizo entre Huesca y Zaragoza. La mayor parte, jóvenes; que en buena parte hicieron una marcha hasta la cima.
 Para mostrarse luego desde la barandilla como defensores de este baluarte, que encierra en sí mismo el profundo significado de los ideales más puros del patriotismo español, impeturbable y firme en su soledad pétrea, pero que se viste de gala una vez al año con nuevos pechos españoles y banderas de victoria al aire, mientras resuenan discursos, cantos y plegarias para honrar a los Caídos.
Ante el Monumento y Altar se concentran todos los camaradas para orar y escuchar, cantar y sentir en comunión con cuantos nos precedieron y con los que vendrán.
 José Luis Corral, Jefe Nacional del Movimiento Católico Español y de Acción Juvenil Española, dirigió un responso donde se recalcó la unión mística desde este altar ahora vacío con todas las misas que se celebran diariamente en el mundo, pidiendo a Dios vocaciones sacerdotales para que en este acto pueda celebrarse el Santo Sacrificio.
En su discurso posterior animó a cada cual a cumplir con su deber, a ser un ejemplo de fortaleza y lealtad, a vivir las virtudes cristianas y a ser soldados a las órdenes de Cristo Rey, que dirige la lucha y que es Omnipotente y sabe lo que nos conviene. A vivir la camaradería y el patriotismo con estos actos, absolutamente necesarios para nuestra vida espiritual y patriótica, donde se nos llenan los sentidos percibiendo lo que aquellos precursores y mártires percibieron. El mismo aire, los mismos colores, el mismo olor, el sitio donde se vertió su sangre, donde entregaron su alma a Dios. Sin preocuparnos de cosas que no están a nuestro alcance, queriendo dirigir el mundo, el estado o la iglesia. Nos es dado formar familias, trabajar honradamente, estudiar y transmitir nuestra historia, nuestros principios, la verdad, ser generosos, humildes y sacrificados. Eso es lo que Dios nos pide en esta hora. Sencillos y puros, auténticos, fieles y disciplinados, cada cual en su puesto, donde Dios le ha colocado.
 Desde la Hermandad de la Vieja Guardia nos llegó un mensaje de unidad, a ejemplo de nuestros Caídos.
 Y de los labios juveniles nos llegó la Poesía, con el "Romance de Alcubierre".
 Y el testimonio de nuestros militantes, pisando los trapos arrebatados al enemigo antisocial, enemigo de Dios y de España, profanador de los lugares santos.
 Y Luis Alonso, por La Falange, llamando a la lucha en medio de la incertidumbre política y de las horas sombrías para nuestra Patria.
Mientras el Secretario de la Hermandad agradeció la presencia y el trabajo de todos, especialmente de cuantos han trabajado en días anteriores para restaurar el monumento, no sólo pintando, sino también cimentando y reparando los destrozos causados por los bárbaros.
A continuación, fueron prendidas las cinco rosas simbólicas al pie de la Cruz, mientras se cantaba el "Yo tenía un camarada". Después, los Himnos de la Cruzada, "Oriamendi", "Cara al sol" y el "Himno Nacional" con la letra de Pemán.
 Más abajo, al pie de las trincheras y entre los refugios de la batalla bélica, otra ofrenda y otra oración ante el sencillo monolito que conmemora la Gesta.
Y el "Cara al sol" brazo en alto.

Buena parte de los asistentes se solazaron después en una comida de hermandad, nueva oportunidad de prolongar y apurar los momentos de camaradería.
 En el viaje del retorno, cada cual aprovechó el luminoso y fresco día primaveral para recorrer nuevos hitos de nuestra imperial geografía. Como estos madrileños que visitaron Medinaceli y su bimilenario Arco Romano.
 Y la estela conmemorativa del gran poeta Ezra Pound, ignominiosamente encerrado en un manicomio por los verdugos aliados.
Y el Sagrado Corazón de Jesús, aquí donde declinó el poder musulmán con la muerte de Almanzor en 1002, tras su primera y definitiva derrota en Calatañazor.