domingo, 5 de julio de 2015

Discurso de José Luis Corral en defensa de la familia y contra el matrimonio homosexual



Discurso en defensa de la familia y contra el matrimonio homosexual
4-7-2015
Dado el clima enrarecido y la confusión que rodea nuestra vida política, conviene hacer unas precisiones.
1.- Este acto no es contra la homosexualidad ni es contra las personas homosexuales, sino de denuncia de las provocaciones homosexualistas organizadas por el llamado lobby gay.
2.- Este no es un acto homófobo, sino de defensa de la Moral Pública, especialmente de la familia y del matrimonio natural.
No es un acto contra la homosexualidad porque la homosexualidad es algo que se da esporádicamente en los seres humanos y sólo podemos constatar que existe. Ni lo es contra las personas que tienen inclinación homosexual porque esa inclinación les viene dada y no la han elegido, no pudiéndose imputar ninguna falta moral por el hecho de ser homosexual.
Otra cosa son los actos homosexuales, que son desordenados e inmorales, que son pecados, como todos los demás actos sexuales, homosexuales o heterosexuales, fuera del matrimonio legítimo y orientado a la procreación.
Pero la existencia de la homosexualidad y de la inclinación homosexual en algunas personas no tiene nada que ver con la provocación de las organizaciones homosexualistas, del que se ha dado en llamar “lobby gay”.
En primer lugar, porque todas las vivencias sexuales requieren una intimidad, un respeto, una privacidad, un recato, un pudor, incluso si son legítimas. Del mismo modo que no pueden exhibirse y realizarse en público determinadas necesidades fisiológicas que no voy a enumerar, no se deben realizar en público demostraciones propias de burdel, de orgía, de desenfreno. Sólo una sociedad gravemente enferma permite ese descaro, esa provocación.
Una sociedad con una Moral Pública no permite esas vergüenzas, esas provocaciones. El Estado no tiene por qué meterse en la intimidad de las personas en privado, pero sí es garante de la Moral Pública.
Convertir a Madrid en Sodoma y Gomorra es una provocación. Provocación y descaro, desvergüenza y frivolidad, que no son sólo cosa de algunos homosexuales, pues el lobby gay no representa a todos los homosexuales, como las feministas no representan a todas las mujeres, sino que está apoyado por todos los degenerados, todos los sinvergüenzas, todos los amorales, todos los que quieren destruir nuestra sociedad multisecular y cristiana para erigir otra con su ingeniería genética, conforme a sus pasiones y a sus inconfesables intereses.
Si la llamada fiesta del “orgullo gay” fuera una fiesta del “sexo”, que es lo que es simplemente, también estaríamos en contra, pues igual ataca a la Moral Pública.
Retransmitirlo en directo y publicitarlo de todas las formas posibles es un escándalo agravado y mayúsculo. Es la corrupción y la degeneración. Es revivir la situación de Sodoma y Gomorra. ¿Se extrañará alguien si llueve fuego del cielo?
Y ataca a las fuentes de la moral, pues la moral de nuestro pueblo es la cristiana. Como decía Menéndez Pelayo, la Iglesia es “oráculo infalible de la Verdad” y cuando se ataca a la moral se ataca a la Iglesia y al sentimiento religioso de nuestro pueblo. Es más, es una manifestación de la rebeldía y del desafío a Dios y a sus Leyes, impresas en nuestros corazones y reveladas por su Palabra Divina, de la cual la Iglesia Católica, como decía Juan XXIII, es “Madre y Maestra”, infalible en Fe y Costumbres.
Por eso, repetiremos aquí lo que dice al respecto el Catecismo de la Iglesia Católica:
2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.
2359 Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Bien lo saben los hijos de Satanás que se manifiestan y alardean de sus vicios e imposturas, por eso injurian a la Iglesia y se burlan de los misterios divinos. Son los mismos que llegan a los ayuntamientos después de asaltar capillas católicas y desnudarse en ellas blasfemando. O tiorras, como las llamaba Unamuno, que se orinan de pie en medio de la calle y se fotografían de tal guisa, como la que ha llegado a Directora de Comunicación del Ayuntamiento de Barcelona.
Todo eso provoca náusea y rechazo. Eso es lo que crea la homofobia. La crean ellos, los provocadores que alardean de su inmoralidad en todas partes, de forma voluptuosa, con movimientos y formas indecentes, mostrándose desnudos, ellos como orangutanes depilados y tatuados, inflados por los esteroides; ellas como rameras ninfómanas, impúdicas y descaradas.
Es natural que la gente decente se agobie y escandalice con estas muestras de degeneración soberbia. Otra cosa es que no se atrevan a mostrar su repudio por causa del auténtico terrorismo con el que se manifiestan estas conductas. O eres como ellos o eres un retrógrado, un homófobo, un machista, un fascista.
En ese terrorismo violento y provocador, amenazante y prepotente, vemos la presencia oculta del marxismo, esa serpiente venenosa que en todas partes se infiltra para inocular su veneno enfrentando y dividiendo a los que deberían estar unidos. Se infiltra entre los gays como entre las mujeres con el feminismo, en las naciones con el nacionalismo separatista, en las empresas para enfrentar patronos y obreros, en las familias para enfrentar mujeres a hombres y padres a hijos.
Resulta lógico que esa ingeniería social, que ese odio profundo a la humanidad que encierran todas estas prácticas antinaturales y anticristianas, maten la vida en su comienzo con los antinatalidad, no dudando en recurrir al abominable crimen del aborto, así como con la muerte dulce de la eutanasia para evitar bocas molestas y cuerpos ya no productivos. Y que ensalcen la droga. Precisamente mañana se cumplen 30 años de la firma por parte del entonces jefe del estado de la inicua ley del aborto, que lleva ya victimados a más de un millón de niños inocentes antes de nacer.
Mientras, hablarán de derechos sin parar. Para ellos es un derecho que dos personas del mismo sexo tengan beneficios fiscales y ayudas sociales que no tienen otras personas que conviven o se ayudan. El derecho lo genera el hacer guarrerías. Si hacen guarrerías, ello les da derecho a que el resto de los contribuyentes sufraguemos su cómoda vida. Los demás, como no hacemos guarrerías, no tenemos derecho a descuentos fiscales ni a ayudas sociales.
El colmo es cuando se creen con derecho a llamar matrimonio a sus uniones civiles, cuando ese nombre sagrado significa la profunda unión duradera de un hombre y una mujer para cumplir el fin supremo de engendrar vida. Y más grotesco y absurdo resulta todavía que se crean con derecho a adoptar niños, cuando el derecho jamás puede ser de ellos, sino de los niños, que deben gozar de un padre y de una madre, de una figura masculina y una femenina para el desarrollo de su propia personalidad, equilibradamente, de forma natural.
Mientras, la derecha cobarde y entreguista, calla, cede, se une a la orgía. Una derecha sin principios, que no tiene otro interés que el dinero, con caja A o con caja B. Dinero y poder. Esos son los principios de la derecha.
Y si tienen que cambiar el nombre a la plaza de Vázquez de Mella, se la cambiarán. No en vano el gran tribuno tradicionalista ya denunció a los que “alzan tronos a las premisas y cadalsos a las conclusiones”. Una denuncia que cruza de un siglo a otro. Mejor darle el nombre a un promotor del vicio y la inmoralidad.
De forma que en la fiesta del Orgullo Gay se juntan todos: homosexualistas, feministas, abortistas, ateos, anticlericales, separatistas, rojos de todas las tendencias, comunistas, socialistas y podemitas, anarquistas, enemigos de Dios y de España. Todos juntos y revueltos.
Y por eso mismo estamos nosotros aquí, para levantar bandera de rebeldía, para decir la Verdad, para defender la Moral Pública y para despertar al pueblo español.
ARRIBA ESPAÑA  VIVA CRISTO REY