lunes, 24 de noviembre de 2014

Discurso de José Luis Corral en la Plaza de Oriente



Discurso de José Luis Corral en la Plaza de Oriente el 23-11-2014

¡Señor, abre mis labios! Y mi boca anunciará tus alabanzas. (Salmos, 51-17)
Compatriotas, camaradas y amigos:
Hemos vuelto a este escenario augusto e imperial de la Plaza de Oriente por una España mejor. Porque este recinto nos habla de independencia, rebeldía y libertad desde un lejano 2 de mayo de 1808 y luego en torno a nuestro Caudillo Franco. Y porque muerto éste aquí nos hemos reunido anualmente, salvo cuando fue imposible y hubo que hacerlo por el Paseo de la Castellana y en la Plaza de San Juan de la Cruz.
Volvemos aquí porque aquí está la conciencia viva de la España auténtica, cada vez que nos reunimos.
Hemos vuelto porque tenemos memoria. Y memoria agradecida. Verdadera memoria, que es la adecuación del entendimiento a la realidad de los hechos que sucedieron. Y tenemos muchos motivos para estar agradecidos.
Lo contrario de esa memoria sectaria y mentirosa de los socialistas, que pretenden precisamente lo contrario, que no se recuerde, quitando monumentos y nombres, borrando los vestigios que les delatan.
Nosotros no podemos olvidar a un aristócrata que “no hizo lo que le daba la gana”, como la que acaba de morir este 20-N, la Duquesa de Alba. Que dicen que ayudó mucho a los pobres y protegió el legado artístico y hasta emprendió la explotación de las tierras para engendrar riqueza. Si así fue, Dios se lo premiará.
Pero José Antonio Primo de Rivera dijo que “la vida no merecería la pena vivirse si no era para entregarla por una causa grande”. Y como su palabra y su doctrina eran tan vivas y tan luminosas, era un Profeta. Y los profetas no pueden vivir. No podían dejar que viviera. Tenía que morir. Y murió a los 33 años, tras empezar su vida política a los 30. Como Jesucristo, Nuestro Señor.
Murieron por culpa del mismo Sanedrín que se prolonga a través de los siglos, con muchos tentáculos.
Pero ignoran los hijos del Maligno lo que nos enseñó el Divino Maestro, que “es necesario que el grano de trigo caiga a tierra y muera para dar fruto” (Juan, 12-24), trocando su designio de muerte en redención y salvación.
Y así la doctrina y el ejemplo de José Antonio se han difundido en el tiempo. Muchos de los que le siguieron han estado aquí entre nosotros y han hablado en esta misma tribuna de la Plaza de Oriente, dando testimonio hasta el final después de haber rendido grandes servicios a España y a los españoles, sin haberse jubilado y retirado a descansar cuando ya no tenían esas responsabilidades. Señalaré a cuatro de ellos:
-          Pilar Primo de Rivera, que al frente de la Sección Femenina hizo una tarea impagable al servicio de la mujer española, de la familia, de la auténtica femineidad, del folklore, la cultura y el hogar.
-          José Antonio Girón de Velasco, al que deben gratitud imperecedera todos los trabajadores españoles, que creó la Seguridad Social, los convenios colectivos, el empleo fijo, las vacaciones, la limitación de los horarios, el descanso semanal, eso que ahora se va perdiendo y tanto se echa de menos.
-          Raimundo Fernández-Cuesta, siempre al servicio de España y de la Falange, que reconstruyó ya octogenario.
-          Y el gran patriarca, nuevo Moisés, que nos condujo por el desierto en los años penosos de la transición y de la traición, camino de la tierra prometida que aún no hemos conseguido pisar, Blas Piñar. Que nos alumbró con su verbo hasta que el Señor lo llamó a su presencia en el día regido por otra inteligencia supina, Santo Tomás de Aquino.
Y guardamos memoria de un hijo sencillo del pueblo español, que a los 14 años entró en la Academia de Infantería y en África destacó tanto en la guerra que se convirtió en el general más joven de Europa y en la espada más limpia de Europa, en decir del General Petain.
Él cofundó la Legión Española y la Academia General Militar de Zaragoza. Él salvó a España en un momento de crisis como no la había habido desde la invasión musulmana, derrotando al comunismo, socialismo, anarquismo y separatismo. Y nos condujo por vías de unidad, grandeza y libertad aplicando las doctrinas del Tradicionalismo y del Nacional-Sindicalismo. Gracias a él los españoles gozamos una época de paz, prosperidad, moralidad, seguridad y tranquilidad.
Pero como su obra había de continuar, buscó una forma de sucesión que cuajó como la Monarquía Católica, Tradicional, Social y Representativa, que juró por Dios su heredero. Las razones de que fuera elegido el que lo fue son largas de explicar en este momento, pero quien quiera conocerlas puede leer el libro de otro orador insigne de esta Plaza, el historiador Francisco Torres, “¿Por qué Juan Carlos?”, editado por Fuerza Nueva.
Pero aquel hombre traicionó y perjuró y al cabo nos ha dejado una España arruinada, dividida, inmoral, sojuzgada e invadida. No os voy a desgranar ahora todas las desgracias que sufrimos, pues ya lo han hecho brillante y suficientemente los oradores que me han precedido.
Surtió efecto la solemne maldición de la Plaza de Oriente proferida el año pasado; quiso Dios escucharla, porque este tribuna es cátedra y es oráculo también.
Ahora nos toca reconstruir y salvar a España. Pero no se hará de modo distinto a como se hizo siempre, porque ya lo dicen las Escrituras:
“Nihil novum sub sole” Nada nuevo bajo el sol. (Eclesiastés, 1-9)
Y desde luego, no es nada nuevo ese engendro que ha parido esa vieja prostituta, la democracia, con tres padres que son comunismo, socialismo y anarquismo: el Podemos del coleta. Eso no es nada nuevo. Eso es lo peor de lo peor, la hez de la tierra, el batasunismo, el porro y el botellón, el odio a España y a la religión cristiana, a la moral y a cuanto queda en pie de nuestra Tradición.
Desde esa Tradición hemos de construir. En primer lugar, con la Fé Católica, que como decía la primera Norma Programática de la Falange, “la interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera. Pero es además, históricamente, la española”. Y como decía el título II de la Ley de Principios del Movimiento de 1958, “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de
Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”.
Por eso, en este Día de la Festividad de Cristo Rey, que coincide felizmente con la celebración del 20-N, tenemos la seguridad de que estando a sus órdenes obtendremos la victoria, con toda seguridad. Vencimos y venceremos, aunque no conozcamos la fecha.
Lo haremos con estas mismas banderas que reflejan nuestros ideales, con la asistencia de nuestros caídos y de todos nuestros camaradas que ya no están entre nosotros, pero que seguro que ahora mismo están asomados a las balconadas del cielo, sentados entre esas nubes, asistiendo a este acto, porque nos une una comunión indestructible con los que nos precedieron y los que han de venir.
Tendremos, sí, que extirpar ese cáncer de las autonomías, y privar de la nacionalidad española a los que no quieren ser españoles, pero sin dejarles la tierra que es de todos. Y hemos de hacerlo por un camino de unidad que ya ha comenzado con “La España en Marcha”.
Españoles, no os contaminéis con el mal menor ni con el voto útil, para que nuestra lucha sea limpia y agradable a Dios.
Por nuestros caídos, por nuestros muertos, por Dios y por España,
¡¡¡ Arriba España !!!   ¡¡¡ Viva Cristo Rey !!!