martes, 10 de junio de 2014

El Ejército, reducido a su mínima expresión

 El Ejército ha celebrado el Día de las Fuerzas Armadas reducido a su mínima expresión. Ni mención a San Fernando, ni poderío ni músculo que exhibir, precisamente ahora que el desafío separatista reclama una demostración de fuerza inequívoca. La patrulla aérea como máximo lujo, surcó el cielo madrileño dibujando los colores de la bandera nacional en el límpido azul de la mañana.

 Un batallón por cada Arma y la Guardia Real, mientras Neptuno les daba la espalda, como si desdeñara olímpicamente la presencia de otros que se dicen reyes.
 Muy poco público. Nada que ver con aquellos cientos de miles de españoles que hasta hace muy poco vitoreaban eufóricos al Ejército en el tradicional desfile. Algunas marujas, algunos jubilados, turistas despistados y muy pocos jóvenes. Buena gente, sí, pero sin garra. Una estampa decadente que se quiso presentar por los medios de comunicación como un apoyo masivo al jefe del estado saliente. Nada de eso.
Cuando sí arreciaron los aplausos fue al paso de la Guardia Civil, que tanta sangre ha derramado en defensa de la Patria y que tiene que contemplar impasible cómo los terroristas se pavonean por las calles de la impunidad y del triunfo de sus propósitos secesionistas. Muchos de los espectadores eran familiares, hijos del Cuerpo.