lunes, 28 de abril de 2014

Se han celebrado en Zaragoza las XXV Jornadas por la Unidad Católica



 Se han celebrado las XXV Jornadas de la Unidad Católica de España, otra vez en Zaragoza, junto al Pilar, donde tuvo lugar la Misa del sábado. Así han sido 23 de las reuniones, pues la primera fue en Toledo, en 1989, con motivo del XIV Centenario del Concilio de Toledo del año 589, donde comienza oficialmente la unidad católica de España con la conversión de Recaredo, que abjuró del arrianismo. Las segundas Jornadas fueron en 1991 en El Escorial y desde entonces han sido todas en Zaragoza, anualmente.
En la foto, la plana mayor de los dirigentes, con el Padre Dallo a la cabeza, incansable animador y organizador. Con él, Jesús Ortiz, Jaime Serrano, José Luis Díez y Gil de la Pisa.

 En las Jornadas han colaborado las Uniones Seglares de Navarra, Aragón, Valencia y Madrid, las Misioneras Rurales, la Adoración Nocturna de Zaragoza, Gerona Inmortal y el Movimiento Católico Español. El temario fue un repaso a estos 25 años, doctrina, personas, anécdotas, fotos en audiovisual, etc.
 El domingo se celebró la Santa Misa, la del Juramento, en San Juan de los Panetes, presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Zaragoza, Don Manuel Ureña Pastor, que impedido de ir a Roma por una repentina sinovitis, se dignó acudir a las Jornadas a pesar de los dos bastones que le hicieron falta y de un dolor que era evidente.
Predicó sobre la canonización que se estaba celebrando en Roma de los dos Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II. También recordó que era la Festividad de la Divina Misericordia y la antigua festividad de la Dominica in albis.


 Los fieles siguieron con mucha atención toda la ceremonia, participando en los cantos, de sabor tradicional, que se sucedieron. La comunión fue recibida por casi todos en la boca y de rodillas, merced a dos buenos reclinatorios que se pusieron ante el altar.
El Juramento, en nombre de todos, fue hecho solemnemente por el Presidente en funciones, Jaime Serrano de Quintana.
La Consagración, con las banderas rendidas, el incienso y todos de rodillas, con gran recogimiento, en el marco incomparable de un templo que hubo de ser restaurado tras su quema en plena II República.
El prelado cesaraugustano tuvo la gentileza de posar pacientemente con los jornadistas ante el Altar Mayor, para recuerdo gráfico del hecho.
También fue muy emotiva la Exposición del Santísimo, con el rezo del Santo Rosario y la Bendición con el mismo Santísimo, que dirigió el Padre Francisco Suárez y que se celebró al caer la tarde del sábado.