domingo, 3 de noviembre de 2013

Visita de los combatientes italianos de ANCIS al Valle de los Caídos

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 Una vez más, van tantas, hemos vuelto a acompañar a los camaradas italianos de A.N.C.I.S. (Asociación Nacional de Combatientes Italianos en España) hasta el Valle de los Caídos, el mítico lugar donde se yergue el Altar de la Patria, el Templo Votivo de la Cruzada, donde reposan los restos de decenas de miles de caídos de ambos bandos, con las tumbas de José Antonio y Franco al pie del altar.
La enorme cruz de 150 metros de altura se alza majestuosa, desafiando a las tempestades, a los tiempos bravos, a todos los enemigos. Ella misma es el signo de la victoria.

 Desde allí saludamos al cielo y a la tierra y nuestros brazos elevados hacia el cielo armonizan con los erectos cipreses que se elevan a lo alto como nuestras oraciones.
 El Calvario es la culminación del Vía Crucis que todo cristiano y patriota debe afrontar, el supremo sacrificio de las almas nobles. Todo por Dios y por la Patria.
 El Escudo de nuestra Patria es un reflejo de nuestra venerable, heróica y sacrificada Historia. Lo saludamos.
 El conjunto, que es la mayor y mejor construcción arquitectónica del siglo XX en todo el mundo, conjunta la belleza de la naturaleza con la geometría y el arte del genio humano, con sobriedad y elegancia, con majestad y dignidad difícilmente superables. La obra perfecta de un Régimen.
 El Caudillo de España, Francisco Franco, fue su Fundador y Patrono. El Papa Juan XXIII, Beato, lo elevó a la categoría de Basílica. Es intocable para los poderes del Estado, salvo sacrilegio y ataque directo a la Iglesia y al Vaticano.
 Cayeron por Dios y por España. Inequívocamente. Algunos quizá equivocados, pero noblemente en combate frente a frente, porque los sicarios de las checas, los energúmenos de la tea, los violadores, los terroristas del tiro en la nuca no están aquí. No pueden estarlo. No lo merecen. A los enemigos que combaten de frente, el respeto. A los malvados sin escrúpulos que quisieron acabar con la Iglesia y con España, repulsa eterna.
 Respeto y oración ante la tumba del Generalísimo Francisco Franco, antes de que los italianos de ANCIS depositaran su corona.
 E igualmente para José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, con la corona italiana.
Después, ágape fraterno en el restaurante reabierto tras la persecución socialista, que quiso cerrar este lugar emblemático, maravilla del mundo. Italianos y españoles, camaradas, hermanos y amigos para siempre.