lunes, 18 de noviembre de 2013

In Memoriam. Rv.P.D. Amable Redón



“Le reconocimos al partir el pan” Lc. XXIV, 35

Ha pasado un santo entre nosotros. Y no nos dimos cuenta. Porque quizá pensamos que los santos no tienen defectos, que son imperturbables, celestiales.
Pero los santos son humanos, tienen su carácter, sus momentos bajos, sus reacciones, sus manías. Son de los nuestros.

Nuestro buen Padre Amable. Qué fuerza, qué ímpetu, que torrente vivo de Gracia, en su menudencia, en sus huesos sin apenas carne pegada, en la pierna que arrastraba los últimos años, con la sonda puesta, sin quejarse, sin amarguras. Austero, sufrido, legionario. Un asceta y un titán.
Siempre hablando, siempre cantando, siempre contando chistes. Era un volcán que tenía que vomitar un montón de verdades.

Nunca se resistió, nunca dijo no cuando se le llamaba. Nos daba el Pan del Cielo. Nos daba la Palabra, al Verbo encarnado. Se nos daba él mismo, “in persona Christi”.

Misas al aire libre. Con buen y con mal tiempo. Con la lluvia repicando. Con el viento airado del Moncayo, o cierzo frío del Norte. Misas heroicas, misas de campaña, misas muy cerca del cielo. Las Misas de Don Amable.

La última, “in artículo mortis”, sin vista, apenas sosteniéndose. Un diácono hizo las lecturas. Decía el canon de memoria, con nuestra ayuda como apuntadores. Yo presentía que era la última, que no le veríamos más. Así ha sido. Pero pudimos gozar de la última, imborrable, auténtica, dramática.

A tu llegada al Reino de los Cielos el Señor te habrá acogido benigno y misericordioso, habrá llamado a formar, ya estaban formadas, escuadras de legionarios, centurias falangistas, tercios de requetés, camaradas sin fin. Aún estarás hablando por los codos con todos, contando mil y una cosas, pero de pronto pararás, les echarás un rapapolvo y les dirás que tienes que ocuparte de los de aquí abajo.

Bien te necesitamos, Padre querido y admirado. Intercede al Señor por nosotros.

José Luis Corral